Estos HOLOGRAMAS son un ensayo de PERIODISMO EXPANSIVO. Conocer lo que ocurre es fácil, comprenderlo es complejo. Cada lector debe poder elegir el nivel de comprensión en que quiere moverse. Propongo tres niveles: uno, reducido, en formato papel. Otro más amplio, en formato digital, que, a su vez, remite a una RED DE COMPRENSIÓN sistemática, necesaria por la inevitable conexión de los asuntos. Tal vez sea un proyecto megalómano, pero creo que vale la pena intentarlo. El artículo inicial de este holograma se publicó en EL MUNDO el día 21 de junio de 2020.


La experiencia. – Durante la pandemia, varios periodistas me preguntaron: ¿Qué vamos a aprender de esta situación? Mostraban un claro deseo que algo bueno saliera de algo tan malo. Pero la pregunta correcta es: ¿Queremos aprender algo de lo sucedido? Es evidente que estoy manejando dos conceptos de “aprendizaje”. Uno es automático. El perro de Pavlov aprendía. Todo lo que nos pasa deja un recuerdo. Otro es intencionado: intento sacar de la experiencia un conocimiento adecuado y útil. Este aprendizaje necesita un decidido y tenaz esfuerzo. No toda experiencia produce conocimiento. Una persona puede entrar en un laboratorio, ver los indicadores, las pantallas, las probetas, y no entender nada de lo que está experimentando. Con la historia sucede lo mismo. Es la experiencia de la humanidad, pero de ella podemos no aprender nada. Hay un movimiento de revisión histórica a nivel mundial, que descabeza estatuas. Es bueno si el fin es aprender de la historia. Malo si trata de utilizarla políticamente.


HOLOGRAMA 58


La experiencia. – Aprender de lo que nos pasa no es fácil. Este es el principal tema de meditación que la pandemia me ha suscitado. Tendemos a interpretar la experiencia con esquemas ya fijados: preferencias, creencias, prejuicios, conocimientos. El deprimido encontrará todo deprimente, y el susceptible todo ofensivo. El progresista verá una cosa y el conservador otra. Toda mi formación filosófica estuvo influida por el gran Edmund Husserl, que insistió una y otra vez en la necesidad de poner entre paréntesis los prejuicios para poder contemplar la realidad. Una tarea interminable. La preocupación por cómo aprender de la experiencia del coronavirus se ha unido a otros sucesos que plantean la misma cuestión, en este caso la de cómo aprender de la experiencia histórica. Mientras se discute la nueva ley de educación coinciden varios fenómenos: el revisionismo histórico a nivel mundial; la globalización, que exige comprender otras culturas; el debate español acerca de los derechos históricos o sobre los vestigios franquistas; la aparición de la China confuciana como potencia cultural; el choque entre civilizaciones. Todos estos fenómenos tienen en común la presencia activa del pasado. Por ello, aunque será inútil, volveré a insistir en la conveniencia de incluir en todos los niveles educativos el estudio de la evolución de las culturas. La ignorancia histórica es una plaga social. Nos impide comprender el presente y aprovechar el pasado. Todas las sociedades se han enfrentado a los mismos problemas – el poder, la muerte y el más allá, la producción y reparto de bienes, la familia, la relación con los débiles y con los extraños, la explicación de la realidad, la resolución pacífica de conflictos, la necesidad de expresar emociones artísticamente-, pero cada una los ha resuelto de manera diferente. Mejor o peor. Somos una mezcla de egoísmo y altruismo, de razón y pasión, de individualismo y tribalismo. A veces vencen unas fuerzas y a veces otras. Hay que comprender este dramatismo. “Comprender-escribe Arendt- no significa negar lo terrible, sino asumirlo”.

La ignorancia histórica es una plaga social. Nos impide comprender el presente y aprovechar el pasado.

La historia es el registro de la experiencia de la humanidad y como ocurre con el resto de las experiencias -la pandemia, por ejemplo- debe dar una visión objetiva de lo sucedido. Pero sobre este nivel básico podemos construir otro nivel, encargado de aprender de esa experiencia contrastada.    Necesitamos hacerlo porque solo el aprendizaje de la historia nos permitirá resolver muchos problemas. Es fácil conocer el motivo. Todos los fenómenos vitales deben ser estudiados evolutivamente. Sin embargo, para pensarlos utilizamos conceptos que son conocimientos estáticos. Eso nos hace perder la mitad de la realidad. La física ha tropezado con el mismo problema y ha inventado la noción de espacio-tiempo, y la de dualismo onda-corpúsculo, para poder manejar fenómenos aparentemente contradictorios. Las creaciones humanas también se mueven en un espacio geográfico, por decirlo así, y en un espacio temporal. Pensemos, por ejemplo, en el concepto “nación”. Con facilidad tendemos a espacializarlo, a definirlo como una realidad estática y, si somos nacionalistas extremosos, como una realidad eterna. Pondré otro ejemplo: lo que se entendía por revolución a principios del siglo pasado, no tiene nada que ver con las interpretaciones posteriores. La historia de la evolución humana es el largo y azaroso esfuerzo para apartarnos de nuestros humildes orígenes animales. Tuvimos que inventarlo casi todo. Según los más reputados arqueólogos de la inteligencia, nuestra especie tuvo que domesticarse a sí misma, aprender la obediencia, el respeto a las normas, la racionalidad. El poder apareció como pacificador y como esclavizador. No está asegurado que los buenos fines puedan alcanzarse con buenos procedimientos. Los grandes valores pueden entrar en colisión, y tendremos que elegir uno u otro. A pesar de estas dificultades, hemos progresado en muchas cosas. Nadie que conozca los datos puede negar que hemos progresado en todos los parámetros que midamos. Pero, al mismo tiempo, la historia nos muestra que ha habido grandes colapsos civilizatorios. Las tiranías del siglo XX fueron uno de ellos. El desastre medioambiental podría ser en el futuro otro, como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores (Darek Diamon: Colapso). Las instituciones intentan establecer el orden frente al caos, pero tampoco podemos comprenderlas sin conocer su historia. ¿Por qué se establecieron las constituciones, y los tribunales de garantías, y la figura del fiscal en los pleitos? ¿Por qué la Constitución del 78 es como es?

Pero no basta con que el conocimiento sea histórico. Tiene que ser multicultural. Clifton Geertz nos mostró que todas las culturas se enfrentan a los mismos problemas, pero los resuelven de manera diferente. Es importante poder comparar la amplitud y variedad de esas soluciones, porque nos permite poder evaluar su mayor o menor potencia. Solo un culturalismo idolátrico impide reconocer que la libertad es mejor que la esclavitud, el conocimiento mejor que la ignorancia, los analgésicos mejor que el dolor, la liberación femenina mejor que la sumisión de la mujer, la democracia mejor que la tiranía. Pero todas estas conclusiones son el resultado de una larga experiencia histórica, llena de errores, disparates, hallazgos, avances y retrocesos. La falibilidad del ser humano, los prejuicios, los fanatismos, las buenas intenciones que conducen al infierno, están presentes en nuestra historia.  Recuerdo un texto de García de Enterría explicando la necesidad de estudiar el derecho comparado, es decir, las diferentes tradiciones jurídicas, “para romper círculos de irracionalidad o de empequeñecimiento de soluciones disponibles, inercias doctrinales o jurisprudenciales, y olvido de valores jurídicos sustanciales. Estos “hologramas” pretenden ser un comienzo de este modo “holístico” de pensar. Son un intento de introducir lo temporal en el corazón de lo estático. Utilizo el término holograma como metáfora inspirada en un fenómeno físico. Al iluminar un objeto con dos rayos láser, una placa puede recoger la información desde todas las perspectivas y con una misteriosa cualidad: si la placa se rompe cada fragmento conserva la totalidad de la información. Pues bien, cuando iluminamos un hecho, una creencia, una institución con una doble luz -estructural e histórica, sincrónica y diacrónica, espacial y temporal-  nuestra comprensión aumenta, nos permite introducir el tiempo en el espacio. Tomemos los conceptos Europa, España, Cataluña, Euskadi. No designan realidades geográficas, sino territorios históricamente evolucionados.

Todos estos temas formarían parte de esa nueva asignatura: Ciencia de la evolución de las culturas. En Biografía de la humanidad, Javier Rambaud y yo mostramos su posibilidad. Resolvería muchos problemas educativos que no sabemos resolver. En este momento vuelve a discutirse si ha de incluirse la religión en nuestros programas educativos. La Ciencia de la evolución de las culturas resuelve el problema. Por supuesto. No se puede comprender el proceso de humanización sin conocer lo que significó la experiencia religiosa. En el periodo axial -800 a 200 a.C.- aparecieron corrientes religiosas que todavía determinan nuestro espacio-tiempo cultural: Zoroastro, Confucio Lao Tzu, los autores de los Upanishad, Buda, Mahavira, los profetas judíos, y las imponentes figuras posteriores de Jesús de Nazaret y Mahoma, que se identificaron dentro de esa tradición profética. Prescindir de esos conocimientos aplana la realidad, impide comprenderla. Como ya he explicado en estos hologramas, corremos el riesgo de pensar que comprender no es necesario, que basta con saber utilizar las herramientas que tenemos a nuestra disposición. Si pensamos esto, no estamos en disposición para aprender nada de la pandemia.

3 Comments

  • antonio dice:

    La soberbia intelectual es un subproducto de la envidia, tan dañino o más…..pensar qué con argumentos, el ser humano aprende y cambia, es una necedad más.
    Los grandes cambios históricos vienen determinados por situaciones límite.
    Es curioso lo que esta pasando en España con este populismo de aprobado general sin mérito, con el liderazgo de Zp sobrevino la gran crisis económica de 2008, ahora con Pedro y Pablo, co-unidos con el independentismo, vuelven a tener a los elementos en contra, un nuevo Trafalgar se ha producido, el covid 19.
    No se puede aprender de la historia, sólo con argumentos, sino los porqués determinados argumentos tienen las circunstancias en contra.
    https://www.tendencias21.net/Una-erupcion-volcanica-cambio-el-curso-de-la-historia-antigua_a45959.html

  • jose antonio marina dice:

    Me parece que no tiene razón. Es posible que una persona concreta no aprenda con argumentos, pero la humanidad ha avanzado movida por argumentos, por eso hemos abandonado la superstición, la brujeria, el poder divino de los reyes, las danzas para atraer la lluvia, los sacrzificios para que el sol amanezca de nuevo, etc. El que una persona concreta sea supersticiosa, no invalida esta realidad. Karl Popper decia una cosa muy sensata: Es necesario que combatan los argumentos para que no tengan que combatir las personas. EL problema del pesimismp en que usted se refugia es que acaba fortaleciendo el mismo fenómeno que critica.¿Se da cuenta de que está defendiendo cualquier tipo de dictadura que ante la dureza de cerviz de los ciudadanos, inasequibles al desaliento, deben ser guiados con mano firme? EL pesimismo tiene un presstigio intelectual que no merece. y lleva a justificar cualquier cosa.

  • antonio dice:

    la humanidad avanza adaptativamente, a base de palos, o catástrofes naturales. Veremos que es lo queda de los populismos de derecha e izquierda después del covid.
    De momento, parece que Trump no saldrá reelegido, lo que influirá mucho en el Brexit. En cuanto a lo que tenemos en España, veremos si las clases medias siguen votando el populismo de Pedro y Pablo.
    Vox no me preocupa, declinará con Podemos.
    El ser humano no avanza con análisis egocéntricos (por muy argumentados que estén) del pasado, sino que, es el futuro el que se termina imponiendo.

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