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Coevolución genética y cultural

By 4 febrero, 2019 No Comments

Desde los orígenes de la humanidad la evolución biológica ha seguido actuando sobre nuestra especie, pero gracias a nuestro peculiar desarrollo cultural en muchas ocasiones se ha tratado de un proceso de coevolución en el que factores puramente biológicos han interactuado con fenómenos culturales. Veámoslo a través de un caso que relata en detalle el biólogo británico Kevin Laland en su libro, ya citado en este blog, Darwin’s Unfinished Symphony (Princeton, 2017).

Laland cuenta que, en las poblaciones de África occidental, en la región de lenguas kwa (que abarca desde Costa de Marfil a Benin), se ha practicado durante siglos la “agricultura de tala y quema” para limpiar el bosque tropical y poder cultivar. Pero el desmonte de estos bosques tuvo una grave consecuencia: la pérdida de la masa arbórea y de sus raíces dio lugar a la formación de grandes charcas que se convirtieron en el lugar ideal para el desarrollo de mosquitos transmisores del parásito de la malaria (Plasmodium).

De este modo, al expandirse la malaria se generaron las condiciones en las que tendrían una ventaja evolutiva los individuos que, en lugar de tener los genes normales de la hemoglobina (que permiten la proliferación del Plasmodium), contaban con una variante genética (un alelo S de la hemoglobina, HbS) que protege frente a la malaria. Esta ventaja evolutiva supuso un notable crecimiento de las poblaciones con esta variante. Sin embargo, si un individuo presenta dos copias de dicho alelo HbS sufrirá anemia falciforme, una enfermedad mortal, mientras que aquellos que sólo tienen una copia del alelo sufren una forma leve de la enfermedad y están protegidos ante la malaria.

Hasta aquí se trata de un caso conocido de evolución reciente de poblaciones humanas bajo presiones evolutivas: difusión de una variante del gen de la hemoglobina por su protección ante la malaria, aunque con consecuencias negativas (anemia falciforme) para una parte de la población. Lo que resulta más sorprendente es que recientemente se ha descubierto que el consumo de ñame puede aliviar los síntomas de la anemia falciforme. La elección de dicho cultivo no parece ser aleatoria, parece más probable que los agricultores sembrasen distintas plantas y que terminasen optando por el ñame por sus propiedades medicinales, según han estudiado Michael O’Brien y Kevin Laland.

En resumen, todo el proceso constituye un buen ejemplo de coevolución genético-cultural, en el que una práctica cultural (la agricultura de tala y quema) produce efectos ecológicos que favorecen la difusión de una enfermedad (malaria), lo cual da lugar una respuesta evolutiva (prevalencia del alelo HbS) que ocasiona otra enfermedad (anemia falciforme), cuyos síntomas resultan aliviados por otra práctica cultural (opción por el cultivo del ñame).

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