Blog

El dominio del fuego y la cocina

By 25 noviembre, 2018 No Comments

Seguramente el primer modo de control del fuego consistió en su traslado y mantenimiento cuando era encontrado en la naturaleza, para después pasar a su producción por frotamiento o percusión. Esta habilidad implica una secuencia compleja de actos, lo que denota elevados niveles de cognición e intencionalidad.

Por otra parte, el hecho de cocinar quizá suponga la primera modificación deliberada de un material por exposición al fuego, que se continuará después con las técnicas de endurecimiento de la madera mediante fuego para elaborar herramientas, así como la preparación con calor del núcleo lítico que se va a trabajar, y la cocción deliberada de agua.

La obtención y conservación del fuego supone importantes dificultades técnicas, hasta el punto de que en ciertas situaciones, algunas sociedades cazadoras-recolectoras han llegado a perder la habilidad de producir fuego, aunque no la de conservar el que encuentran en la naturaleza, como ha sido el caso de, entre otros, los isleños de Andamán (en el Índico), los sirionós (en la Amazonía boliviana) y los achés del norte (en Paraguay).

El primatólogo británico Richard Wrangham explica en su libro Catching Fire: How Cooking Made Us Human, que las técnicas de cocina y el uso del fuego han jugado un papel fundamental en la evolución humana. Al cocinar se externaliza una parte importante de la digestión, pues cocinar significa predigerir los alimentos, ablandarlos, eliminar la toxicidad de algunos, y romper fibras y proteínas para así facilitar considerablemente el proceso de digestión. El cocinado también permitió obtener nutrientes que resultaban inaccesibles al consumirse en crudo.

Por todo ello, el sistema digestivo humano, comparado con el de otros primates, es extraordinariamente pequeño pues ha coevolucionado con las técnicas de procesado de alimentos que se transmiten culturalmente. La apertura de la boca, la dentadura, los músculos de la mandíbula, el estómago y el colon son en los humanos mucho más reducidos que en primates de tamaño similar (solo el intestino delgado es comparable, pues es el encargado de absorber los nutrientes).

La selección natural ha permitido así ahorrar energía al reducir el tejido del aparato digestivo (que es el segundo más caro en términos energéticos después del tejido cerebral), y dicho ahorro energético ha contribuido indudablemente al complejo proceso de ajuste evolutivo que permitió a nuestra especie disponer de un cerebro cada vez mayor.

 

Leave a Reply