HOLOGRAMA 8. 


Cualquier estudioso de la inteligencia humana acaba haciéndose la misma pregunta: ¿Por qué si somos tan inteligentes hacemos cosas tan estúpidas? Tengo la convicción de que en términos generales –sanitarios, económicos, sociales, éticos- hemos progresado, pero que lo hacemos sufriendo al mismo tiempo colapsos trágicos, que producen terribles daños. Junto a la historia de nuestros logros, habría que escribir una “historia de la demencia”, como la que esbozó Bárbara Tuchman en La marcha de la locura, (FCE, 2018). “Al parecer, -escribe- en cuestiones de gobierno la humanidad ha mostrado peor desempeño que casi en cualquier otra actividad humana, En esta esfera, la sabiduría –que podríamos definir como el ejercicio del juicio actuando a base de experiencia, sentido común e información disponible-, ha resultado menos activa y más frustrada de lo que debería ser. ¿Por qué quienes ocupan altos puestos actúan tan a menudo en contra de los dictados de la razón y del autointerés ilustrado? ¿Por qué tan a menudo parece no funcionar el proceso mental inteligente?” Señala cuatro razones del mal gobierno: (1) tiranía, (2) ambición excesiva, (3) incompetencia, (4) estupidez o perversidad. Uno de los casos que estudia es el deslizamiento de Estados Unidos en el pantano de Vietnam. “Todas las condiciones y las razones que hacían imposible un buen resultado fueron reconocidas o previstas en algún momento durante los treinta años que duró la intervención americana”.

Jonathan Glover prefiere hablar de “caer en una trampa”. “La guerra suele ser una trampa y no es frecuente que los líderes políticos modernos tengan la guerra como objetivo. En general se encuentran atrapados por las implicaciones de las políticas en las que se han embarcado. Y grupos enteros pueden verse atrapados en una espiral de hostilidad que lleve a la guerra. Comprender estas trampas es más importante que pensar en cómo controlar la agresividad” (Humanidad e inhumanidad, Cátedra,2001, p.218)

El caso de la Primera Guerra Mundial es paradigmático. La derrota en la guerra franco-prusiana de 1870 había humillado a Francia, que tuvo que entregar a Alemania Alsacia y Lorena y sufrir la humillación de que el imperio alemán se proclamara en el Salón de los espejos de Versalles. Hay deseo de revancha en Francia, deseo de expansión en Alemania, deseo de una Europa equilibrada en Inglaterra, deseo de recuperar Serbia en Austria y vagas ensoñaciones imperiales en Rusia. En 1910, tiene gran éxito el libro de Normal Angell La gran ilusión, argumentando que las relaciones económicas impedirán la guerra. Pero los Estados Mayores de las principales naciones estaban preparando al menos desde 1906 los planes para la guerra, con una idea equivocada: no podría durar más de tres meses. Sólo Kitchener, ministro del ejército británico pensaba que iba a ser larga, y que duraría al menos tres años, pero nadie le hizo caso. Duró cincuenta y dos meses y murieron más de diez millones de personas. Los gobiernos se sintieron incapaces de parar la lógica militar. Sir Edward Grey, ministro de Asuntos Exteriores inglés, escribió después de la contienda: “Sobre las causas de la guerra se podrían decir unas cuentas cosas ciertas, pero la idea que más verdad contiene es la de que el militarismo y los armamentos, que le son inseparables, hicieron inevitable la guerra”.  Theobald von Bethmann-Hollweg, canciller alemán en 1914, escribía:” Durante todo el tiempo que duró mi mandato nunca se convocó ningún tipo de gabinete de guerra en el que los políticos pudieran intervenir con el fin de manifestar sus opiniones en pro y en contra del debate militar”. Joffre, el general en jefe de las fuerzas francesas, se negaba a dar información a los políticos sobre el estado del frente. El sistema militar funcionaba con autonomía, como ha contado Barbara Tuchman en Los cañones de Agosto, libro por cierto que había leído el presidente Kennedy y que le ayudó a librarse de esa presión militar durante la crisis de los misiles de Cuba. Pero también algunos políticos querían entrar en acción. Winston Churchill escribió a su mujer: “Todo tiende a la catástrofe y al colapso. Me siento interesado, listo para la acción y feliz. Ruego a Dios que me perdone tan tremenda frivolidad”.

Había, además, una idea heroica de la guerra. Resulta incomprensible, por ejemplo, el elogio de ella que hizo Max Scheler, uno de los grandes filósofos morales del siglo: La guerra es el dinamismo creador de la historia. No es violencia física, sino “una controversia de poderío individual entre las personas espirituales colectivas que llamamos Estados”. Este nivel de abstracción abre el camino a todas las crueldades. En la guerra no pelean los hombres sino los Estados “Su finalidad última es el máximo dominio espiritual. Cada nación debe tener lo que merece, y el tribunal donde se puede impartir esa justicia, es la guerra”. Esa referencia a la “persona espiritual” de la nación, o a otras abstracciones como Pueblo, Raza, Tierra, Partido, acaban exigiendo el sacrificio, casi siempre inútil, de los ciudadanos. En el comienzo de la Gran Guerra, la apelación al “honor” de la nación era continua en ambos bandos.

El 30 de julio, el canciller de Alemania resumió la situación:” La gran mayoría de los pueblos son pacíficos en sí mismos, pero las cosas están fuera de control, y la piedra ha comenzado a rodar”. Cuando el káiser pide al general Moltke que detenga la invasión de Francia, este le responde que una vez puesta en marcha la movilización de más de dos millones de soldados, no se puede parar. Este es el fenómeno que me inquieta, junto a otro concomitante, que ya mencioné en Biografía de la humanidad: el papel de los ciudadanos en la declaración de una guerra. Tradicionalmente, hacerlo había sido prerrogativa de los reyes, cuyo único freno era el económico. Mantener un ejército era caro. La Revolución francesa inventó el “pueblo en armas”. Como señala Bertrand de Jouvenel, se inicia “la era de la carne de cañón” (Sobre el poder, Unión Editorial, 1998, p. 215). Antes de la revolución el ejército francés estaba compuesto de 180.000 soldados. En 1794, 1.169.000 hombres figuraban en los registros militares franceses. Los generales gastaban hombres sin miramientos, porque la nación estaba ahí para reponerlos. Philip T. Hoffman, en un interesante libro – ¿Por qué Europa conquistó el mundo?explica que las naciones entran en guerra cuando los gobiernos piensan que el premio va a ser mayor que los gastos. Estos son de dos tipos: económicos y políticos, es decir, de apoyo popular. Este se maneja en los regímenes dictatoriales por los mecanismos coactivos estatales, y en los democráticos mediante la movilización emocional.

¿No podríamos inventar una vacuna que nos protegiera de la estupidez?

En la famosa novela de Enric Maria Remarque –Sin novedad en el frenteun soldado alemán se pregunta: “Y ahora, ¿por qué un herrero francés o un zapatero francés querrían atacarnos? No, son simplemente los gobernantes. Nunca había visto a un francés antes de venir aquí, y lo mismo les ocurre a la mayoría de los franceses con respecto a nosotros. A ellos no les pidieron más opinión que a nosotros“. Sin embargo, no hubo protestas contra la guerra. Los partidos de izquierdas se oponían a ella, pero acabaron cediendo. Solo Jean Jaurés, fundador de L’Humanité, seguía oponiéndose, y fue asesinado. Los políticos intentaron remediar la desconexión con el pueblo fomentando el “fervor nacional”, que, como ocurre en todos los estados pasionales compartidos, reduce la capacidad de crítica y produce un sentimiento de comunidad afectiva que moviliza energías tremendas. Fue el momento de las “masas patrióticas”, ahora movidas de nuevo por los nacionalismos. Fréderic Rousseau ha estudiado en 14-18, penser le patriotisme, (Gallimard, 2018), como este sentimiento estaba vivo entre los combatientes, al comienzo de la guerra. En Inglaterra, Bertrand Russell escribe en su autobiografía: “El día de la declaración de guerra y los siguientes descubrí con asombro que los hombres y mujeres corrientes estaban encantados con la perspectiva de una guerra”.

La estupidez es agravada por la insensibilidad. Nunca se había tenido un desprecio semejante por la vida humana. El 1 de Julio, Francia el Reino Unido lanzaron una ofensiva en el Somme. Avanzar seis kilómetros costó 1.200.000 bajas.

La enseñanza de estos sucesos es clara. Una vez que se entra en el tobogán, se impone la lógica del disparate. Desaparecen los frenos que nos protegen de ella. Lo vemos con distintos niveles de gravedad: la crisis económica del 2008, la esperpéntica situación del Brexit, o el proceso que acabó llevando a los nacionalistas catalanes a proclamar una república y suspenderla en el mismo acto. Me hago la pregunta que me he hecho tantas veces: ¿No podríamos inventar una vacuna que nos protegiera de la estupidez? ¿No podríamos, con la experiencia que proporciona el escaldamiento, poner en marcha sistemas de frenado antes de deslizarnos por el tobogán? Volveré sobre el tema.

15 Comments

  • Pedro Molino dice:

    ¡Como siempre, querido amigo y maestro, José Antonio, es un placer leerte y aprender contigo, ahora, analizando la Historia para comprender mejor el presente!

    Un abrazo.

    Pedro Molino

  • Jorge dice:

    El libro de Glover es excelente, gracias por su consejo para leerlo.

    Después de hacerlo me di cuenta de algo tan evidente como invisible: la guerra y el fanatismo son problemas morales. El puñado de personas que provocaron la 1GM (una de las más estúpidas de la humanidad, hasta que llegó la 2GM) se comportaron de manera que les parecía correcta, moralmente irreprochable, en bien de sus naciones, de sus comunidades.

    Me he animado a plasmar mis reflexiones sobre el origen de la moral en este pequeño ensayo. Como no tengo muchos amantes de la filosofía en mi entorno, dejo aquí un link por si alguno está interesado, espero no resultar impertinente. Cualquier comentaría me sería muy útil.

    https://wetransfer.com/downloads/28fa08635579e7cd3a577f707c889d9020190603214620/b62a1417c1d915fe8ae0b5d5005ac3ef20190603214620/ad595a

    Mi tesis es sencilla: la Moral nos obliga a actuar de una determinada manera como seres sociales que somos. Pero no siempre un comportamiento moral es éticamente correcto. Frente a la idea de que la Moral es algo que nos ayuda a determinar lo que es bueno o es malo, yo opino que la Moral es una herramienta evolutiva para la supervivencia del grupo, no del individuo. Por eso sacrificar la vida por la patria, por Dios o por cualqueir otra creencia es muy humana…, muy estúpidamente humana.

    Dejo una cita del préambulo, sólo sea para el debate.

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    La Moral es una acción humana. Para que se produzca, por tanto, debemos estar vivos, pues muertos carece de transcendencia. El ser humano es esencialmente un animal social. Desde su aparición en este planeta lo hace en grupo, pues de manera individual su supervivencia y reproducción es evolutivamente inviable. La Moral regula las actividades de estos grupos humanos. Es una herramienta social. Su efectividad como tal herramienta se mide, como en el resto de actividades asociadas a seres vivos en este planeta, a su capacidad evolutiva de adaptación, así que podríamos definirla de la siguiente manera:

    La Moral es una herramienta cultural de origen evolutivo que tiene como objetivo primario y consecuencia principal la Supervivencia y Reproducción del Grupo.

    Esta definición no parece decirnos muchas cosas sobre “las normas y costumbres que ayudan a determinar lo que es bueno o malo”, pero sin embargo estoy convencido que sirve para entender muchos de los comportamientos humanos que siguen causándonos estupor: sea la acción de un terrorista suicida, la existencia del nazismo y el holocausto o por qué un cristiano apoya la pena de muerte.
    Todos esos fenómenos son profundamente morales.
    También ayudará a entender otros dos aspectos bastante terribles del género humano, como son las guerras y el fanatismo.

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    un saludo al profesor y el resto de lectores.

    • jose antonio marina dice:

      El planteamiento me parece correcto. La creacion de los sistemas normativos forma parte de la evolución cultural. Prolonga, como ha visto Frans de Waals los sistemas reguladores sociales de nuestros antepasados primates. En “Biografia de la humanidad” he retomado la tesis de la “autodomesticación” de la especie humana, en la que la moralidad es una creacion humana que recrea la propia naturaleza humana. Me parece util distinguir entre “morales” y “ética”. Las morales son los sistema normativos de cada sociedad. Hay tantas morales como culturas. Pero creo que hay un evolución convergente hacia una forma de “moral transcultural”, que es a lo que llamamos “etica”. La declaracion de derechos humanos seria una de esas formas de cnvergencia.Creo que ha habido un progreso ético de la humanidad, y le animo a que siga investigando sobre esa evolución que se da en lineas concretas: politicas, economicas, jurídicas, religiosas.

      • Jorge dice:

        Gracias por el comentario.

        En el pequeño ensayo que he escrito expongo esas ideas. Nada me agradaría más que tener un comentario de su parte, creo que coincidimos en lo esencial pero usted tiene muchas más lecturas y referencias.

        Yo creo que siempre actuamos de manera moral, que es un atavismo de nuestra especie desde que apareció y sobrevivió en la sabana. En mi argumentación, la Moral actúa para preservar el grupo, más que el individuo. Lo hace actuando de manera altruista hacia el interior y de manera cruel (inhumana, diría Glover) hacia el exterior.

        La cuestión que me intriga es: ¿cómo seres adaptados a la vida en clan en la sabana, de no más de doscientos individuos, pudieron empezar a habitar en ciudades con millones de personas tras el neolítico? Hubo un respuesta moral. Siempre hay una respuesta moral.

        La cuestión es que si aceptamos esta tesis, la guerra y el fanatismo son también producto de la moral. Y el nacionalismo político es un fanatismo parecido al religioso que anda suelto y casi nadie denuncia.

        un saludo

    • Némesis dice:

      Buen día. Disculpe, ¿cómo puedo visualizar el ensayo en el link que usted proporciona?
      Saludos a todos los lectores y al maestro Marina.

    • Némesis dice:

      Buen día.
      Disculpe, ¿cómo puedo visualizar el ensayo en el link que ha sido proporcionado por usted?, me interesa mucho leerlo.
      Un saludo a todos los lectores y al gran maestro Marina.

  • Sergio dice:

    Es un placer leerle profesor, y también un poco incómodo, lo que se agradece en los tiempos que corren.
    No me quito de cabeza su frase resaltada ” ¿No podríamos inventar una vacuna que nos protegiera de la estupidez?” qué yo creo que nos la hemos hecho todos alguna vez. Y lo que me incomoda de ella es que, tras una muy somera reflexión y con sólo bucear un poco en la historia, te das cuenta de que nunca la humanidad ha estado a salvo ( vacunada) a pesar de haber sido siempre muy conscientes de su potencial destructor, de su naturaleza estúpida.
    En la introducción menciona “colapsos trágicos”, pero estos capítulos son tan frecuentes y transversales a todo tipo de comunidad humana que, más que excepciones en la evolución de nuestra especie, parece que formaran parte inseparable de la misma.
    Quiero decir que lo que me desalienta en la búsqueda de esta vacuna, es que nada parece indicar que el éxito de la misma tenga una relación directa con el grado de desarrollo cultural, material, político-social, intelectual, tecnológico etc… de las comunidades humanas, sino que es una tendencia inherente a las mismas, y más pujante cuanto mayor es el grado de organización interna y mayor su bagaje socio cultural y su desarrollo tecnológico.
    La virulencia de estos colapsos trágicos que Vd. menciona ha sido, hasta la fecha, proporcional al grado de “civilizacíon” de las sociedades que los han promovido, así que… dónde buscamos la vacuna?

    • jose antonio marina dice:

      A pesar de todos los pesares, creo que la humanidad ha progresado éticamente, lo que no asegura que vaya a seguir haciendolo. Steven Pinker ha mostrado en uno de sus caudalosos libros -Los ángeles que llevaos dentro- que la violencia ha ido disminuyendo a lo largo de la historia. Hay otros indicadores que fundamentan un “optimismo racional”, pero que ha de ser tomado con gran cautela. Me hace ser cauteloso la “historia de los colapsos” o de la estupidez, o de la inhumanidad, en la que estoy trabajando ahora. La única vacuna que se me ocurre es el conocimiento de nuestra precariedad, y el aumento de la “inteligencia social”, o del “capital social”, es decir, del rechazo comunitario a ciertas prácticas, del fortalecimiento del pensamiento crítico, y de un rearme ético, que no lo relaciono con la aceptacion de dogmas, sino con el despliegue de la inteligencia.

  • Jorge dice:

    Abundaré un poco sobre el tema…

    El libro de Glover hace un análisis muy didáctico sobre el origen de la Primera Guerra Mundial. Pero no se da cuenta de algo que para mí es evidente: fue una guerra absurda producto de la creencia en mitos irracionales La cuestión no es sobre la inteligencia humana. A posteriori, todos los implicados reconocieron su error. Sino que actuaron motivados por cuestiones morales, y eso es lo grave, porque se sintieron obligados a actuar así.

    ¿Qué diferencia hay entre el origen de las cruzadas del medievo y la PGM? Parecen dos cosas distintas, pero en el fondo la motivación moral es la misma. En un caso se trataba de defender la Fe en un Dios y en el segundo el Honor de sus Naciones.

    El problema básico es que tanto la Fe como el Honor son conceptos morales, y por tanto subjetivos. Hoy los dos nos parecen ridículos como para causar tantas muertes y destrucción, pero entonces no. Y contamos también conque Dios o una Nación son creencias irracionales, y por tanto, irrebatibles. Son dos Yo Sociales que nos vemos (se vieron) impelidos a obedecer. Si Dios o la Nación piden que sacrifiques tu vida por ellos, ningún creyendo ni ningún nacionalista puede moralmente negarse, a no ser que pierda su identidad social y, por ende, la suya propia como individuo.

    De ahí se pasa al absurdo que para castigar el asesinato de una pareja de maduros vieneses por un joven serbio, que es un asunto puramente policial, se provoque una guerra entre dos estados (el imperio y Serbia). Y que para ser fieles a los compromisos de “honor” de las naciones, Alemania apoye a Austria, Rusia a Serbia, Alemania contra Rusia, Francia contra Alemania y Gran Bretaña contra Alemania y Austria…. ¿Dos muertes sólo pueden ser “vengadas” con millones de otras muertes? Desde el punto de vista jurídico y racional, no; desde el punto de vista emocional y moral, absolutamente sí.

    No es que seamos estúpidos como especie (que lo somos, ciertamente), es que actuamos en el 99% por motivaciones emocionales, y muy raramente de manera lógica.

    Pero cuando estalla el conflicto, nadie en el Imperio Austriaco ve ilógico provocar una guerra para vengar el asesinato del archiduque y su esposa. Y cuando digo NADIE es nadie. Lo ven perfectamente “lógico” por una cuestión de “honor” y en defensa del “estado y la nación”. Y lo mismo pasa cuando UK se involucra en la guerra sin necesidad, también por una cuestión de “honor”. Tampoco NADIE protestó contra ese absurdo en UK; todo lo contrario, los intelectuales aplaudieron la decisión y las masas se ofrecieron voluntariamente como carne de cañón.

    Todas esas personas creían actuar lógicamente, pero en realidad lo hacía emocionalmente por imperativos morales, de defensa de su “comunidad”, de su Yo Social. Algo que es inherente a nuestra condición de seres humanos, de animales sociales y morales como somos.

    La clave, insisto, es que al basar el Yo Social en mitos, en puro pensamiento mágico, es irrebatible desde la razón. No se puede dialogar con Dios o con la Nación porque ambos son entes fantasmales, no físicos, que sólo existen en nuestro cerebro. Sólo es necesario que alguien nos convenza que Dios lo exige o la Nación lo demanda para que nos veamos obligados a actuar en determinada manera.

    Falta urgentemente una nueva rama del conocimiento: la psicosociología, que nos permita entender que no sólo somos seres individuales, sino seres sociales, y que por tanto actuamos de manera predeterminada por la evolución sin que seamos si quiera consciente de ello.

    salu2

    • jose antonio marina dice:

      La idea que está en el origen de la Biografia de la humanidad, es que cualquier intento de comprender los movimientos sociales debe comenzar por el estudio de la acción individual. AL hacerlo, vemos que está condicionada por una serie de factores interrelacionados: las creencias,los deseos, las emociones, la presión social, etc. El estudio de la Gran guerra, como usted dice, nos sirve para pasmarnos acerca de la irracionalidad y la estupidez, cuya ultima desmesura es intentar justificarse con palabras grandilocuentes, Tal vez el arma mas eficaz no sea la critica racional, sino mostrar el engolamiento ridículo, la prepotencia vacua, la vanidad. Convertir en risibles todas las actitudes que dieron lugar al horror Si lee por ejemplo el libro de Tuchman -Los cañones de agosto- vera cuantas lágrimas,sobresaltos, angustias, acojonamiento hay en los que habían tenido actitudes chulescas.
      Creo que mercen (y nos merecemos como victimas) una “historia despiadada·, feroz, implacable, que no deje en pie ninguno de los mitos que continuan emocionando fraudulentamente a la ciudadania. Copiando a Nietzsche: hay que hacer historia con un martillo.

  • Pedro dice:

    D. Jose Antonio, gracias por ponernos a pensar. El articulo y los comentarios que se leen son magníficos. Nos hacemos esta pregunta una y otra vez, la respuesta pueden ser la moral y las creencias, pero quizás no deberíamos olvidar algo, la moral y las creencias, las identidades, los nacionalismos o el sentido del honor son todos ellos conceptos artificiales que asumimos a través de la educación y la propaganda. Creo que el origen del problema es uno en esencia, el ser humano no se conoce a si mismo, si el ser humano se conoce a si mismo, si comprende por que piensa lo que piensa, puede estar libre de conceptos y estos no serán los que le impulsen a matarse, pero esto no se enseña jamás por quien diseña la educación. Nada va a cambiar si no nos conocemos a nosotros mismos. Luego aparece el factor externo, el catalizador, el ideólogo, el propagandista, el financiador, el interesado, sin ellos no se produce el evento catastrófico. Hablamos aquí de la genealogía de la historia y omitimos el factor externo, el guion, la causa necesaria. Para entender esto habría que dedicar mucha atención a un movimiento político que antecede a estas dos grandes matanzas y que se llama Sionismo y todos sus productos. No ha habido una sola guerra organizada en la historia conocida sin un guion detrás. Podemos estudiar las consecuencias o podemos poner nuestra atención en las causas, si esto es así deberíamos dedicar algún tiempo a estudiar el Sionismo, la Masoneria Illuminati, el Vaticano, los Jesuitas siempre tras la cortina, y el origen primigenio, la Nobleza Negra Veneciana. Si usted los estudia un poco va usted a entender rápidamente desde el terreno de las causas, no solo el de las consecuencias y sus conclusiones pudieran ser otras. A un individuo condicionado que no se conoce a si mismo y que se identifica con cuatro parámetros aprendidos, y aquí estamos todos dentro, es muy fácil manipularle. Esta quizás sea mas que ninguna otra la historia de la humanidad.

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