Estos HOLOGRAMAS son un ensayo de PERIODISMO EXPANSIVO. Conocer lo que ocurre es fácil, comprenderlo es complejo. Cada lector debe poder elegir el nivel de comprensión en que quiere moverse. Propongo tres niveles: uno, reducido, en formato papel. Otro más amplio, en formato digital, que, a su vez, remite a una RED DE COMPRENSIÓN sistemática, necesaria por la inevitable conexión de los asuntos. Tal vez sea un proyecto megalómano, pero creo que vale la pena intentarlo. El artículo inicial de este holograma se publicó en el suplemento Crónica de EL MUNDO el día 9 de febrero de 2020.


Memoria colectiva. –  Los socialistas navarros han firmado una moción conjunta sobre educación, con los partidos que sostienen al gobierno de Chivite. El acuerdo programático para la investidura incluía el impulso de la “memoria compartida” en relación con la violencia etarra. Se trata de un relato en el que se incluyan tanto los muertos a manos de la banda terrorista, como las victimas de organizaciones paramilitares, grupos de extrema-derecha o la lucha contra ETA. Según esta propuesta, se “potenciaran las áreas de educación en valores, de promoción de los derechos humanos y de participación en la sociedad navarra en la construcción de una memoria compartida y un relato contrastable con el pasado”. El proyecto es interesante y difícil. Me gustaría participar en él, porque plantea un problema universal. Necesitamos elaborar “un relato contrastable” del pasado de la humanidad. Sin embargo, hay un enfrentamiento entre “memoria” e “historia”, entre el “testigo” y el “historiador”. El testigo tiene inevitablemente una visión subjetiva y parcial. El historiador busca construir la objetividad, un “relato contrastable”. Aquel tiene experiencia, éste tiene datos. Tal vez lo primero sea hacer un “relato contrastable”, aprovechando testimonios y datos, e intentar convertirlo en “memoria compartida”, pero entonces cada “memoria individual” se sentirá traicionada. ¿Hay solución?


HOLOGRAMA 38


​La memoria es una facultad individual, pero tiene también una dimensión social. Todos los grupos humanos, todas las culturas han guardado y transmitido su experiencia. Los lenguajes, creencias, costumbres, rituales compartidos, los mitos fundacionales, sirven para cohesionar al grupo y darle identidad. El cristianismo, por ejemplo, se basó en tradiciones mantenidas cuidadosamente. Los fieles recibían y transmitían el “depósito de la fe”. A pesar de que se trata de un fenómeno universal y constante, se suele atribuir al sociólogo francés Maurice Halbwachs la primera formulación del concepto de “memoria colectiva”. Ella proporciona el marco en que va a configurarse la memoria individual. En realidad, se está refiriendo a la cultura que, en efecto, proporciona a sus miembros esquemas para interpretar la realidad, seleccionar lo relevante, y determinar en parte la experiencia, todo lo cual influye, por supuesto, en los contenidos guardados en la memoria.
A un nivel tan general, todo resulta muy claro, pero las cosas se complican cuando intentamos responder a dos preguntas: ¿Cómo se forman esas “memorias colectivas”? ¿Qué relación tiene la “memoria colectiva” con la Historia?
La “memoria colectiva” puede formarse espontáneamente, por la simple interacción de recuerdos compartidos. Así sucede con los “recuerdos familiares”, donde lo vivido y lo contado se mezclan de forma inextricable. Esto plantea un problema. No hay una única “memoria colectiva” común a una sociedad, sino una multitud de memorias de grupo. Por ejemplo, no es igual la memoria de los perdedores y de los ganadores de la guerra civil española. En el caso vasco, no es igual la memoria de los etarras que la de sus víctimas. La historia de Cataluña contada por el nacionalismo catalán no es la misma que la contada por los no nacionalistas. “Memoria colectiva – escribe Jedlowski- es la selección, interpretación y transmisión de ciertas representaciones del pasado a partir del punto de vista de un grupo social determinado. Eso hace que sea plural y que distintas memorias de lo mismo se enfrenten en la esfera pública, la arena donde grupos diversos compiten por la hegemonía sobre discursos plausibles y relevantes dentro de la sociedad en su conjunto (Jedlowski, P. La memoria construccion social).
​ En efecto, una de las funciones de la “memoria colectiva” es fundamentar la cohesión y la identidad social. Cuando sube el interés por las identidades, como en los últimos tiempos, aumenta el interés por las “memorias colectivas” y por intentar unificarlas o, al menos, como dice Jedlowski, imponer un discurso hegemónico. Aparecen entonces ideólogos dispuestos a diseñarlas y transmitirlas mediante los sistemas educativos. La “memoria colectiva” elaborada supone la instrumentalización de la Historia. Mencionaré algunos testimonios. Halbwachs: “La memoria colectiva es esencialmente una reconstrucción de pasado que adapta la imagen de hechos remotos a las creencias y necesidades espirituales del presente”. David Lowenthal: “La función principal de la memoria no es preservar el pasado, sino adaptarlo para enriquecer y manipular el presente”. Eric Hobsbawn:” Cuando una rápida transformación de la sociedad debilita o destruye los modelos sociales para los que se habían diseñado las “viejas “ tradiciones, se inventan “nuevas tradiciones”. Un caso paradigmático es el modo como se construyen las “memorias colectivas” en que se basa el sentimiento nacional. Renan, en ¿Qué es una nación? lo expuso descarnadamente “El progreso de los estudios históricos representa a menudo un peligro para el sentimiento de construcción nacional. A una nación le viene mejor descansar sobre el mito que sobre la historia”. La filosofía postmoderna ha terciado en el asunto indicando que lo importante no es la Historia, una ciencia con demasiadas pretensiones, sino el “relato”, es decir, la narración capaz de convertirse en “memoria colectiva”, sea verdadero o no.
En este punto, aparece la segunda pregunta planteada anteriormente: ¿Qué relación tiene la “memoria colectiva” con la Historia? En un principio, parece que conserva la Historia mas real, porque se basa en las experiencias de quienes la vivieron. ¿Quién va a conocer mejor la guerra civil española que sus protagonistas y víctimas? Pues, en principio, los historiadores. La experiencia personal es siempre subjetiva, localizada y emocional. La visión de los historiadores pretende ser objetiva, ubicua y fría.​​Volvamos al acuerdo alcanzado en Navarra. Se pide “la participación de la sociedad navarra en la construcción de una memoria compartida y un relato contrastable con el pasado”. Es una interesante expresión. Dice que la “memoria compartida” hay que construirla para evitar enfrentamientos, pero ¿cómo? ¿quién? Muchos piensan que puede conseguirse mediante una “conversación” que permita intercambiar los puntos de vista, pero reconozco que esta simple dinámica no me parece muy prometedora, porque exige, en cierta manera, licuar la propia identidad y eso resulta muy difícil. Avishai Margalit, profesor en Princeton, Oxford y de la Universidad Hebrea d Jerusalen, propone en su libro Etica del recuerdo, otro camino. Buscar una “memoria compartida” no es el mero desarrollo mecánico de interacciones. No basta confiar en mecanismos psicológicos. Sólo alcanzará su meta si se convierte en un proyecto ético. “Si pudiéramos tener una memoria moral compartida, basada en unos mínimos morales generalmente aceptados, podría haber una globalización de la conciencia en la esfera ética”. Para conseguirlo, sería necesario comenzar por establecer primero un “relato contrastable con el pasado”, como dice la propuesta navarra. Esta es una buena definición de Historia. Así pues, propongo que – movidos por un proyecto ético de pacificación, justicia y del deseo de aprender de los errores-, la hoja de ruta debería establecer primero el “relato histórico contrastable” y tomarlo después como “memoria colectiva” que sirviera de marco para interpretar los recuerdos personales. Conviene recordar que la Historia no es una mera descripción de hechos, sino que tiene que explicar las dinámicas sociales, los problemas, tensiones, enfrentamientos, y sus consecuencias. Como ensayé en Biografía de la Humanidad, debemos intentar una Historia “desde dentro”, que no olvide que los movimientos sociales están protagonizados por seres concretos, movidos por creencias, sentimientos, esperanzas y miedos.

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