Estos HOLOGRAMAS son un ensayo de PERIODISMO EXPANSIVO. Conocer lo que ocurre es fácil, comprenderlo es complejo. Cada lector debe poder elegir el nivel de comprensión en que quiere moverse. Propongo tres niveles: uno, reducido, en formato papel. Otro más amplio, en formato digital, que, a su vez, remite a una RED DE COMPRENSIÓN sistemática, necesaria por la inevitable conexión de los asuntos. Tal vez sea un proyecto megalómano, pero creo que vale la pena intentarlo. El artículo inicial de este holograma se publicó en el suplemento Crónica de EL MUNDO el día 26 de enero de 2020.


Stop a la gresca educativa. Cada vez que cambia un gobierno, retoña la gresca educativa. En vez de un debate sosegado, solo hay oídos sordos y lenguas locuaces. Vamos directos a la confrontación, y eso augura una legislatura educativamente perdida. Todos los participantes manejan “medias verdades” que son “medias falsedades”, con lo que la discusión se reduce a mostrar la parte débil del contrario, sin tomar nunca en consideración lo que puede tener de razón. Un ejemplo. Vox dice que los padres tienen derecho a elegir la educación religiosa y moral de sus hijos. Verdad. Pero no indica que en una sociedad democrática los programas educativos oficiales tienen sus cauces de control bien establecidos. En primer lugar, parlamentario. Después, en los casos concretos de las actividades complementarias obligatorias, deben ser evaluadas por el Claustro y el Consejo Escolar, aprobadas por la dirección del Centro, y están bajo la supervisión de la Inspección. La ministra ha dicho que “los hijos no son propiedad de los padres”. Verdad. Pero no ha dicho que la responsabilidad educativa primaria es de los padres. El pacto escolar no ha sido posible porque la discusión sobre los problemas fundamentales no se da entre medias verdades, sino entre medias falsedades.


HOLOGRAMA 36


Los grandes disparates, las mentiras palmarias, son fáciles de desmontar. Lo difícil es deshacer las “verdades a medias”, es decir, aquellas proposiciones que tienen una parte de verdad, que parecen incluso evidentes, y que, sin embargo, resultan falsas porque ocultan parte de la realidad, o porque no sacan las consecuencias oportunas. Las semanas pasadas he estudiado dos casos: “hay que desjudicializar la política” y “la democracia está por encima de la ley”. Medias verdades. Podría poner muchos otros casos: “Todas las opiniones son respetables”, “todos somos iguales”, “tengo derecho a equivocarme”, etc. Capítulo aparte merece la “ideología de género”, que despierta más pasiones que deseos de saber de qué se trata. Gran parte de la pugna política se da entre “verdades a medias”, lo que favorece una metodología perversa.

Si alguien pretendiese alcanzar una solución justa, debería atender a la parte de verdad que el contrincante tiene. Si lo que desea es vencer, basta con atacar lo que tiene de falsedad. Con este método, nadie va a convencer a nadie, porque las partes se considerarán incomprendidas y atacadas injustamente. Los debates no se dan entre adversarios reales, sino entre adversarios mutuamente caricaturizados. Las ideologías son la sistematización blindada de “verdades a medias”. Por eso son tan peligrosas.

Pondré un ejemplo educativo. Una de las polémicas mas disparatadas en este campo dado al exceso es la que se refiere al “esfuerzo”. La izquierda considera que es un valor conservador. José Moya Otero, en su libro La ideología del esfuerzo, atacó la LOMCE porque la consideraba expresión de la ideología del esfuerzo, que le parece un producto diseñado por los laboratorios de ideas conservadoras. Moya es un experto en temas educativos. ¿Cómo es posible que niegue la importancia del esfuerzo en las aulas? Porque su objetivo no es ese. Tiene la convicción de que insistir en el esfuerzo hace recaer las desigualdades sociales en el individuo -que se ha esforzado o no- y no en las condiciones sociales. Recientemente, Piketty defiende tesis parecidas. “La socialdemocracia –añade Moya– tiene que enfrentarse contra esta ideología, no haciendo depender los beneficios sociales del esfuerzo personal, sino de la acción redistributiva del Estado”. Es un claro ejemplo de “verdad a medias”. Unos beneficios sociales dependen del esfuerzo, y otros no. Y, hablando de educación, recibir una buena educación no depende del esfuerzo, pero el resultado, en buena parte, sí.

Las ideologías son la sistematización blindada de “verdades a medias”.

Todos los problemas que han impedido hasta ahora los Pactos educativos, surgen de posturas basadas en medias verdades. La discusión se basa siempre en desacreditar al oponente, trabajando sobre sus medias falsedades. Esto, en parte, está favorecido, por la redacción del artículo 27, que incluye algunas verdades a medias. Como señalaron en su momento los socialistas Gómez Llorente y Victorino Mayoral:” La ambigüedad o ambivalencia que caracteriza a nuestra constitución, permite que con el artículo 27 de la misma puedan estructurarse modelos de enseñanza diferentes, cuando no opuestos”. Todas las palabras pueden volverse peligrosas: Se discute, por ejemplo, si la educación es un “servicio público” o un “servicio de interés público”. Para un lego, parecen expresiones sinónimas, pero no lo son. Si es un servicio público, el Estado puede arrogarse el protagonismo. Si es un “servicio de interés público”, puede ser realizado por instancias privadas.

Un Pacto educativo en España tiene que resolver los siguientes problemas:

  • Tensión entre calidad y equidad
  • Tensión entre modelo inclusivo/comprensivo y modelo diferenciado
  • Tensión entre las competencias educativas del Estado y los derechos de las familias.
  • Tensión entre la gestión social y la gestión estatal del sistema educativo.
  • Tensión entre una idea laica de la escuela y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos.
  • Tensión entre el currículo nacional y las competencias educativa de las Comunidades Autónomas.
  • Tensión entre el respeto a la autonomía de los centros y el control de la administración.
  • Tensión entre la participación democrática en la gestión de los centros educativos y la profesionalización de la dirección.

Estas tensiones llevan planteadas decenios, alguna incluso más de un siglo. Se basan en medias verdades que dan origen a “medios derechos”. Sin salir de ese nivel, el acuerdo es imposible. En ocasiones, he soñado con un “partido de centro”, cuyo objetivo sería intentar descubrir la parte de media verdad que hay en los contendientes y construir sobre ella. Siempre lo he identificado con un partido empeñado en el pensamiento crítico y en el deseo de aprender. Es un sueño, por desgracia no cumplido.

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