Blog

¿Es posible comparar culturas?

By 20 octubre, 2018 No Comments

Notas sobre una obra de Bruce Trigger

 

Al plantearse el problema de la posibilidad de comparar culturas, el antropólogo y arqueólogo canadiense Bruce Trigger, en su estudio comparativo de varias civilizaciones (Understanding Early Civilizations, Cambridge, 2003), comienza distinguiendo entre dos tradiciones: la racionalista y la romántica.

La primera, heredera de la Ilustración, tiende a centrarse en los rasgos comunes de todos los humanos, que en gran medida se basan en una biología común. De hecho, gracias a esta humanidad compartida es posible la investigación antropológica, pues las diferencias en comportamientos, valores, creencias y tradiciones no dejan de ser discrepancias epifenoménicas.

En cambio, siguiendo la tradición romántica, los relativistas culturales tienden a conceder una influencia menor a los condicionamientos biológicos, para dar mucho más peso a las ideas. Para estos, la esencia de lo humano se manifiesta en la variedad más que en los rasgos comunes universales. En esta misma línea, el pensamiento posmoderno considera que, aunque las culturas pueden estudiarse y comprenderse en sus propios términos, no es posible evaluarlas con respecto un criterio absoluto. Y, en la postura más extrema, se llega a negar cualquier posibilidad de comparación intercultural.

Sin embargo, Trigger ha encontrado cierta uniformidad en las civilizaciones que analiza, tanto en su estructura sociopolítica, como en su sistema económico y orden simbólico. Reconoce que muchos de estos paralelismos reflejan necesidades funcionales análogas o un punto de partida similar en las estructuras precedentes, pero también señala la posibilidad de que algunos elementos se encuentren integrados en la psique humana, mientras que otros indudablemente responden a un proceso de evolución convergente.

Entre las primeras civilizaciones Trigger también identifica otros muchos elementos similares, como por ejemplo un conjunto de creencias comunes que pueden resumirse en una estructura triangular, según la cual los dioses suministran la energía y el orden cósmico necesario (incluido el orden social humano); los campesinos proporcionan el trabajo y el alimento que precisan las clases dirigentes y los dioses; y las clases altas proveen el orden político que permite la producción de excedentes agrícolas para alimentar a los dioses y a sí mismas. Y resulta muy destacable que esta concepción implicase el desarrollo de mecanismos para limitar la explotación excesiva del campesinado, ya que cualquier abuso por parte de los poderosos supondría una desestabilización del sistema, que haría culpables a estos últimos ante los dioses. ¿Por qué se llegó a una solución similar en las primeras civilizaciones? Quizá porque donde no se alcanzó cierta estabilidad y se produjeron abusos excesivos, se viró hacia situaciones inestables que hicieron inviable el sistema social.

Según Trigger este modelo es el resultado de una reflexión acerca de la naturaleza de la sociedad, pues en un mundo social ya tan extenso y complejo (frente a las unidades sociales de cazadores-recolectores), en el que dejan de ser válidas las metáforas basadas en las relaciones de parentesco, las concepciones religiosas constituyen la base para pensar acerca de las relaciones sociopolíticas y establecer algo equivalente a una constitución. Resulta significativo que en las primeras civilizaciones la religión proporcionase el contexto para estas formulaciones y que, a pesar de la multiplicidad de creencias específicas, exista una notable coincidencia en el orden socio-cósmico general.

En resumen, Trigger concluye que el estudio comparativo muestra una amplia variación en muchos rasgos, en parte debida a adaptaciones ecológicas y en parte como resultado de los diversos modos de definir la identidad y el estatus de los distintos grupos étnicos y políticos. Sin embargo, también hay numerosos casos de similitudes interculturales que no se pueden explicar por influencias o por relaciones históricas entre las civilizaciones, y que podrían deberse, como se ha dicho, a una evolución convergente desde un punto de partida similar (sociedades de cazadores-recolectores), como respuesta a necesidades funcionales semejantes, pero también debido a una naturaleza biológica común, pues ciertas habilidades humanas derivan de unas condiciones neurológicas y somáticas compartidas.