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Un paseo por el amor y la guerra

By 22 abril, 2019 No Comments

El título de la película de John Huston (1969), convenientemente adaptado, nos sirve para introducir un tema que recorre toda la historia de la cultura occidental desde su primer monumento literario, la Ilíada, hasta el presente.

La oposición entre el amor y la guerra, entre Marte y Venus ꟷAres y Afroditaꟷ aparece muy pronto en la tradición occidental. En el canto V de la Ilíada, ante la intervención de Afrodita en la guerra de Troya, Zeus le dice dulcemente a la diosa del amor:

Hija mía, a ti no te están dadas las bélicas empresas.
Tú ocúpate de las deseables labores de la boda,
que de todo esto se cuidarán el impetuoso Ares y Atenea.

Homero, Ilíada, V, 428-429

Atribuyendo así a cada dios el cometido que le corresponde. El tema será fecundo y surgirá en diversas ocasiones. Especialmente en Ovidio, ocho siglos después de Homero, que retoma una historia de la misma guerra, en una carta de Laodamía a su marido Protesilao, en la que le ruega inútilmente que sea prudente en la batalla:

Fortius ille potest multo, quam pugnat, amare.
Bella gerant alii; Protesilaus amet!

Él puede amar con mucha más valentía que combatir.
¡Que otros hagan la guerra; Protesilao ame!

Ovidio, Heroidas, XIII (Laodamía a Protesilao), 81-82

Un tema que se repite casi idéntico en la epístola XVII, que contiene la respuesta de Helena a Paris, que ha tratado de persuadirla para que abandone a su marido, y en la que ella reconoce la excelencia amatoria del troyano:

Bella gerant fortes; tu, Pari, semper ama.

Que los valientes hagan la guerra; tú, Paris, ama siempre.

Ovidio, Heroidas, XVII (Helena a Paris), 254

Protesilao es ejemplo de valor guerrero, pues sabiendo que un oráculo había profetizado que el primero en pisar la playa troyana encontraría la muerte, no duda en saltar a tierra (Ilíada, II, 702), y después de matar a varios troyanos, es muerto por Héctor para que se cumpla el augurio. Pero antes de estos acontecimientos, Laodamía insiste en su superior virtud amatoria, quizá como un pobre argumento para librarlo de su destino, quizá convencida de la superioridad del amor sobre la guerra.

En cambio, Paris es sin duda el amante, aunque precisamente por ello resulta responsable de la guerra de Troya, y en último término también por la mediación de Afrodita que le concede el amor de la bella Helena. En Protesilao y en Paris aparecen así inextricablemente unidas las suertes de la guerra y del amor.

El tema ovidiano, tras un nuevo salto, esta vez de milenio y medio, será retomado en el ambiente humanista de finales del siglo XV y aplicado a la mismísima casa de Austria:

Bella gerant alii! Tu, felix Austria, nube!
Nam quae Mars aliis, dat tibi regna Venus
!

¡Que otros disputen guerras! ¡Tú, feliz Austria, despósate!
¡Pues los reinos que Marte da a otros, a ti te los entrega Venus!

La sentencia destacaba la exitosa política matrimonial de la dinastía, que además acababa de hacerse con la dignidad imperial. Este motto, que en su versión breve (Tu, felix Austria, nube) iba a tener gran fortuna en los siglos sucesivos, al parecer fue ideado por el rey de Hungría, Matías Corvino (1443-1490), quizá con cierta envidia por los relativamente fáciles logros territoriales de los Austrias, según señala el historiador británico Helmut G. Koenigsberger.

Y como sigue refiriendo Koenigsberger, la diplomacia matrimonial ꟷel recurso a Venus sobre Marteꟷ, será una forma generalmente pacífica y ventajosa de «hacer la guerra por otros medios», si invertimos la expresión de Clausewitz. Aunque no siempre, pues también traerá guerras dinásticas, fruto de las complejas relaciones familiares enmarañadas a lo largo de las generaciones.

La oposición entre amor y guerra llega así hasta el siglo XX, cuando en los movimientos contraculturales de los años sesenta, en Estados Unidos y en el contexto del rechazo a la guerra de Vietnam, se divulgó el eslogan Make love, not war, que iba a ser muy popular en los movimientos pacifistas del resto del mundo. De este modo la potencia norteamericana exportaba también la crítica a su propio sistema, y no solo la cultura mainstream. A este ambiente contracultural se debió en cierta medida la película de Huston citada al principio de la entrada.

En todo caso, parece evidente que el uso de la guerra, de la violencia ꟷde Marteꟷ, para alcanzar cualesquiera objetivos es un juego de suma cero en el que una parte gana lo que la otra pierde, mientras que, si se recurre a la persuasión, a la seducción ꟷa Venusꟷ, se trata de un juego de suma positiva, en el que ambas partes ganan algo, aunque una pueda obtener más que la otra.

Sin embargo, como hemos visto, en la realidad las cosas no son tan claras: la seducción puede estar teñida de violencia ꟷimplícita, por el miedo a que se recurra a estaꟷ, o dar lugar a imprevisibles consecuencias violentas en el futuro. Pero lo que sí parece obvio es que los juegos de suma positiva, aquellos en los que las dos partes obtienen un beneficio, contribuyen en mucha mayor medida a la riqueza cultural y a la complejidad social que los juegos de suma cero. Aunque algunos de estos, como la guerra, también puedan considerarse juegos de suma positiva “dentro” de sus propias comunidades sociales: organizar una guerra y participar en la misma indudablemente refuerza los lazos sociales internos de la comunidad, como también lo hacen las ideologías nacionalistas más excluyentes y xenófobas. Pero esto ya es otra historia que habrá que analizar en otra entrada.

 

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