​HOLOGRAMA 5.


¿Qué ocurre en nuestra cabeza cuando comprendemos una explicación, una demostración o un chiste? La información que teníamos se reorganiza bruscamente, tan bruscamente que solemos decir: “ahora caigo”. Los psicólogos de la Gestalt hablaban de “insight”, de una iluminación. También el lenguaje lo recoge: Ahora “lo veo”. Ha aparecido un significado donde solo había piezas dispersas. Etimológicamente, “comprender” significa “coger varias cosas a la vez”. “Understand” también significaba “estar juntos” en el inglés antiguo. Además, supone integrar ese significado dentro de un modelo del que recibe ese significado. Por ejemplo, “comprendo” la acción de una persona cuando conozco sus circunstancias, sus motivos y sus fines. Intentar comprender, exige un esfuerzo. Lo mismo que hacerse entender.
Daniel Dennett, un filósofo americano bien informado en temas de neurología y de inteligencia artificial, expone en su último libro –De las bacterias a Bach– su preocupación por el hecho de que está dejando de interesarnos “comprender”. Cunde la idea de que eso lo hace mejor la “Inteligencia artificial”, porque puede manejar ingentes cantidades de datos. Sin embargo, las máquinas pueden realizar actividades eficientes y complejas sin saber lo que hacen. Por ejemplo, Google Translator traduce sin entender lo que traduce. Por lo tanto, si nosotros delegamos la comprensión en las máquinas y las máquinas son incapaces de comprender, al final actuaremos sin entender lo que hacemos, ni por qué lo hacemos. “Comprender” es un acto estrictamente personal. Una demostración matemática está en el papel, y puedo usarla como uso una fórmula, pero no la asimilo hasta que la comprendo yo mismo. Si descargamos la comprensión en la máquina será ella la que tome ”mis” decisiones que, en ese momento, dejarán de ser mías.

​​Otra característica de la comprensión es que puede hacerse a diferentes niveles. Eso me recuerda el chiste de Woody Allen: “He seguido un curso de lectura rápida y he leído “Guerra y Paz” en dos horas. Trata de Rusia”. Todo fanático pretende comprender las cosas con marcos de comprensión muy elementales. Así pues, la calidad de la comprensión depende de la riqueza de la información que se maneja y de la potencia del modelo en que se integra. La historia del “lecho de Procusto” es una parábola sobre este asunto. Procusto era un posadero que para acomodar a sus huéspedes a las camas que tenía, les cortaba las piernas si era necesario.

Si descargamos la comprensión en la máquina será ella la que tome ”mis” decisiones que, en ese momento, dejarán de ser mías.

​​Les pondré un ejemplo personal sobre los mecanismos de la comprensión. Escribí Biografía de la Humanidad, con Javier Rambaud, intentando comprender la evolución de las culturas. Utilicé para ello un modelo que me parece bien justificado: la cultura es el conjunto de soluciones que una sociedad ha inventado para resolver problema relevantes o expectativas deseadas. Los problemas son universales, pero las soluciones son locales. Por eso, si queremos comprender una manifestación cultural, debemos remontarnos al problema que quiso resolver o a las expectativas que intentó satisfacer. Eso vale para el arte, la religión, la tecnología, las instituciones sociales o la gastronomía. Creo que el método funcionó eficazmente. Pero ahora quiero comprender el envés trágico de esa historia y escribir la “biografía de la INHUMANIDAD”. ¿Por qué repentinamente se colapsan los sentimientos de compasión o los frenos morales? ¿Por qué una persona “normal” puede hacer cosas monstruosas, como señaló Annah Arendt, en La banalidad del mal, al estudiar el caso de Eichman, el asesino nazi? El holocausto, las matanzas soviéticas, los crímenes de Mao Zedong o de Pol Pot, el genocidio de Ruanda, las guerras en la exYugoeslavia, son ejemplos espeluznantes. Ya tengo la información, pero mi dificultad actual es encontrar el modelo teórico que me permita comprender el dinamismo de la crueldad.

​​Se ha extendido la idea de que la historia nunca puede contar las cosas con objetividad y que lo importante es “adueñarse del relato”. Reconociendo su dificultad, creo que puede haber una “comprensión de la historia” rigurosamente justificada, como puede haber una “comprensión del presente”. Más aún, creo que deberíamos empeñarnos en hacerla, “sine ira et studio”, como decían los clásicos. Hace meses, cuando surgió la polémica sobre el destino del monasterio del Valle de los Caídos, sugerí que podía ser la sede de un Centro de estudios para la comprensión de la guerra civil. La propuesta no agradó a nadie, por razones diferentes: (1) era imposible alcanzarla (2) era reavivar odios pasados (3) comprender es excusar. Son tres malentendidos.
​​Acaba de aparecer La revolución española (1936-1939) de Stanley Payne. En España, escribe, “el siglo XIX fue especialmente convulso, con la historia política más complicada de entre todos los países europeos –e incluso del mundo-y, además, confusa para el estudiante de Historia”. “Pasó más años enzarzada en guerras de todo tipo que cualquier otro país del mundo –más que, por ejemplo, Rusia”. ¿Cómo podemos explicar y comprender esta situación? Respecto a la guerra civil, hay dos libros de título opuesto, escritos por personalidades políticas relevantes. Uno, No fue posible la paz, de Jose María Gil Robles, presidente de la CEDA. Otro, La paz fue posible, de Joaquín Chapaprieta, presidente del Consejo de Ministros en 1935. Creo que es posible salir de esa contradicción, o al menos entender las razones de esa contradicción.
Comprender es necesario por dos razones. La primera, para poder juzgar con rigor. La segunda; par poder tomar decisiones sensatas. Dos buenos objetivos para estos hologramas.

​​PD.- El libro de Laurent Alexander que cito es La guerre des intelligences. Intelligence artificielle versus intelligence humaine, JC Lattès, 2017, una visión desconfiada de la educación del futuro.

One Comment

  • Jorge dice:

    Interesante reflexión, as usual.

    Las máquinas son insensibles y carecen de finalidad. Pero por otro lado tienen ventajas. Yo pondría usar máquinas (algortimos) para la adjudicación de obra pública en nuestro país. Ya que un algortimo carece de codicia, la corrupción política bajaría a niveles históricos.
    También propondría sustituir en los consejos de administración a las personas por máquinas, mucho más eficientes, como paso previo para sustituir a los CEO y directivos en general por máquinas. Nos ahorraríamos una enorme cantidad de dinero y evitaríamos la arbitrariedades que estas estructuras suponen.

    Ahora bien, estoy seguro que los políticos y los directivos se opondrán frontalmente, je, je,,,

    El tema de los frenos morales me interesa especialmente. Estoy escribiendo un pequeño texto sobre el origen de la moral, la guerra y los fanatismos que creo que explica esta cuestión desde una perspectiva diferente a la habitual pero rigurosa en lo científico. La Moral es sólo una herramienta evolutiva para la supervivencia y reproducción del grupo, no del individuo.
    Me gustaría enviárselo, cuando termine, para ver qué le parece, sin le parece inconveniente.

    un saludo

Leave a Reply