Genealogía del presente

Recuerdos e Historia

Confieso mi admiración por los historiadores franceses, tal vez porque me eduqué en la escuela de los Annales, cuando buena parte de los intelectuales españoles  navegaban por la fragmentaria claridad del materialismo histórico marxista.

A partir de los años setenta, Francia vivió la revolución de la memoria. Lo interesante para un observador que procede de la psicología es el enfrentamiento entre la memoria y la historia. Formaba parte del “sistema postmoderno”. Confiando a la memoria: “la administración presente del pasado”, dice Pierre Nora, la coloca delante de la Historia. El testigo era más de fiar que el historiador. Annette Wieviorka ya advirtió que los  testimonios, por razón de su carga emocional, pueden ocultar el trabajo del historiador, que “establece los hechos pasados e intenta darles un sentido mediante un método riguroso”. El recuerdo tiende a sustituir a la Historia pretendiendo una verdad más verdadera” que la veracidad de la Historia.

En “Crónicas de la ultramodernidad” defendí que era posible integrar el gusto por las historias biográficas del postmodernismo, con el afán de universalidad y abstracción de la modernidad. En el caso de la tensión entre memoria subjetiva y abstracción histórica, seguía las ideas de Edmund Husserl, que distinguía entre la “mera mención” y la “plenitud de la experiencia”. La mera mención se refiere a los relatos abstractos, generales, mientras que la experiencia nos muestra los ejemplos concretos, que proporcionan encarnadura sensible. Es la diferencia existente entre un estudio estadístico y una descripción biográfica. La estadística nos proporciona datos fríos pero exactos; la biografía nos da información cálida, pero parcial. El talento está en unir ambas cosas. Sartre decía que hubiera querido ser Spinoza y Stendhal al mismo tiempo. La abstracción sistemática, y la individualidad literaria. Algo parecido puede aplicarse a la Historia. Huelga decirlo: lo que estoy reclamando es una Historia ultramoderna.

One Comment

  • luis dice:

    estoy totalmente de acuerdo con los postulados que se exponen, lo único resaltar de todo el artículo. Como más reseñable a mi modo de ver, es el papel de la historia, o el pasado individual, en el desarrollo de la capacidad crítica de nuestro pensamiento, aspecto este, esencial en cualquier sociedad democrática.

    Esta capacidad crítica es además importantísima en la sociedad de la información, en la que vivimos inmersos. Sin capacidad crítica, somos marionetas en manos de los que manejan los medios de comunicación.

    Sólo añadir que, a las mismas conclusiones, se puede llegar de manera natural, si se parte de un cierto distanciamento emocional del pasado.
    Siempre es bueno revisar nuestro pasado, desde una perspectiva temporal distinta y reencontrarnos con esos aspectos que, en el momento de la vivencia, nuestra psique rechazo, porque la emoción actuó como cortina de humo que impide ver el bosque.
    El bosque en estos momentos, creo que, no es otro que la globalización y la consiguiente búsqueda de un sentido identitario, en constante cambio, que sólo puede ser intuido con una revisión permanente y crítica de nuestro pasado.

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