PANÓPTICO

El panóptico

¿La política nos vuelve estúpidos?

Por 15 noviembre, 2020 Blog, Panóptico, Política

Estados Unidos nos permite estudiar la polarización política y aprender. He copiado el  título de un artículo de Ezra Klein –“How Politics Makes Us Stupid. basado en las investigaciones de Dan Kahan (Universidad de Yale). Demuestra que todo partidismo político ciega para ciertas evidencias. Paul Krugman, premio Nobel de economia, comentando el articulo, sostiene que los prejuicios ciegan mas a los conservadores que a los progresistas. Los conservadores, claro, dicen lo contrario. Haidt, subtitula su gran libro La mente del justo: “Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”. Piensa que la política se ha convertido en un juego maniqueo, porque cada partido se encierra en su “mentalidad tribal”, demoniza al otro, y utiliza el “razonamiento motivado”, que no busca la verdad sino justificar la propia opinión. Las preferencias políticas no se eligen libremente. Todos debemos ser conscientes de que muchas veces estamos seguros de cosas que desconocemos. Fuera engreimientos ideológicos.

El artículo inicial de este Panóptico se publicó en EL MUNDO el día 15 de noviembre de 2020.


EL PANÓPTICO 11


Los pintores de batallas tenían que elegir su punto de observación para representar un asunto tan complejo. Unos, como Paolo Uccello se introducen en el fragor de la pelea, y pintan una confusión furiosa. Otros, se alejan para pintar el campo de batalla entero y la evolución de los regimientos. El Panóptico sigue este método. Los combates, físicos o dialécticos, sólo se perciben contemplando desde fuera el juego de los adversarios. La polarización política en Estados Unidos ocupa las portadas de los diarios. Dos grandes fuerzas se están enfrentando. Me interesa comprender lo que las diferencia, con la ayuda de la Psicología política, disciplina que tiene gran tradición en Estados Unidos.

¿Por qué unas personas son republicanas y otras demócratas o, para adoptar una terminología más universal, conservadoras o progresistas, de derechas o de izquierdas? Ambas posturas implican la elección de un complejo “sistema implícito”, que puede mantenerse oculto si no nos empeñamos en revelarlo. Tanto la “mentalidad conservadora” como la “mentalidad progresista” defienden ideas cuya relación resulta difícil de percibir. George Lakoff – en Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores– se preguntó qué podían tener en común distintas tesis republicanas: la oposición al aborto, la defensa de la pena de muerte, la oposición al ecologismo, al cambio climático, al control de armas, o al salario mínimo. Los demócratas los han acusado de defender la vida del no nacido, pero  negarse a aprobar programas de asistencia sanitaria al ya nacido. Los conservadores piensan que las ayudas sociales son inmorales porque minan la disciplina y la responsabilidad del individuo. Hablan de disciplina y resistencia, mientras que los progresistas hablan de preocupación por los débiles, de justicia social, de necesidades y ayudas. Los demócratas americanos acusan a los republicanos de no tener compasión, y los republicanos acusan a los demócratas de que solo tienen compasión, y les falta amor a la libertad, valoración del esfuerzo personal, lealtad y patriotismo. Las diferencias se manifiestan también al tratar el tema de la desigualdad. Hace ya  muchos años que Norberto Bobbio consideró que el modo de concebirla era la principal diferencia entre derechas e izquierdas. Las derechas creen que es un hecho natural e irremediable; la izquierda, que es una creación social y una injusticia. En Estados Unidos una parte importante del electorado republicano piensa que el pobre es responsable de su pobreza. Las diferencias continúan presentándose en la idea del Estado (mínimo para los conservadores y máximo para los progresistas), de la libertad (puramente negativa para unos y positiva para otros), del “bien común” o de la “justicia social”(para los republicanos una trampa para justificar la injerencia del Estado), del patriotismo (nacionalismo republicano frente a multilateralismo demócrata).

¿Por qué unas personas son republicanas y otras demócratas o, para adoptar una terminología más universal, conservadoras o progresistas, de derechas o de izquierdas?

El enfrentamiento se manifiesta en dominios muy diferentes. En Educación, por ejemplo, con el choque entre “escuela antigua” y “escuela nueva”. Como detallé en El bosque pedagógico, se han consolidado dos modelos de educación, que mutuamente se han descalificado y caricaturizado:

  • Modelo conservador: Individualista, privatizador, antepone la calidad a la equidad, desconfía del Estado, y pone la libertad de enseñanza por encima del derecho a la educación. Insiste en que la educación moral debe ser decidida en exclusiva por los padres, confía en evaluaciones y reválidas, hace depender toda mejora del esfuerzo personal, y piensa que la única forma de mejorar la educación es fomentando la competencia, y sometiendo la escuela a la dinámica de la oferta y demanda propia del mercado. Defiende el aprendizaje de contenidos, la disciplina en la escuela, la autoridad del maestro,  el aprendizaje individual y el concepto de deber.
  •  Modelo progresista: Comunitario, defensa excluyente de la escuela pública, antepone la equidad a la calidad, y el derecho a la educación a la libertad de enseñanza. Confía en el Estado no solo como garante de la educación sino como su administrador principal, cree que una educación cívica universal debe estar garantizada por el Estado, desconfía de las evaluaciones y reválidas, piensa que la cultura del esfuerzo olvida la influencia socioeconómica en los resultados, y considera que el mercado es un enemigo de la equidad educativa. Defiende el aprendizaje de habilidades, la creatividad, la democracia escolar , las pedagogías cooperativas y el concepto de derecho.

Como síntesis de sus respectivos modelos, derechas e izquierdas han elaborado su propio relato. En el caso americano la “narrativa demócrata”, según Christian Smith (Moral, Believing Animals) puede resumirse así: “Hubo un tiempo en que la gran mayoría de los seres humanos sufría en sociedades e instituciones sociales injustas, insalubres, represivas y opresivas. Estas sociedades tradicionales eran censurables debido a su profunda desigualdad, a la explotación y al tradicionalismo. Pero la noble aspiración humana de autonomía, igualdad y prosperidad batalló incansablemente contra las fuerzas de la miseria y de la opresión, y con el paso del tiempo logró establecer sociedades modernas, liberales, democráticas, capitalistas y bienestaristas. Si bien las condiciones sociales de nuestros días tienen el potencial de maximizar la libertad individual y el placer de todos, hay mucho trabajo por hacer para desmantelar los poderosos vestigios de desigualdad, explotación y represión. Esta lucha por conseguir una buena sociedad, en la que las personas son iguales y libres para perseguir su felicidad autodeterminada, es la única misión por la que vale la pena dar la vida “ (p.82).

En cambio, la narrativa republicana, tomada de los discursos de Reagan, dice así: “Hubo un tiempo en el que Estados Unidos fue un faro brillante. Después llegaron los progresistas y erigieron una enorme burocracia federal que esposó la mano invisible del mercado. Subvirtieron nuestros valores estadounidenses tradicionales y se opusieron con insistencias a Dios y a la fe. En lugar de exigir que la gente trabajase para ganarse la vida, extrajeron el dinero de los laboriosos estadounidenses y se lo dieron a drogadictos con Cadillac y a reinas del bienestar. En lugar de castigar a los criminales, intentaron “entenderlos”. En lugar de preocuparse por las víctimas de los delitos, les preocupaban los derechos de los delincuentes. En lugar de adherirse a los valores estadounidenses tradicionales de familia, fidelidad y responsabilidad personal predicaron la promiscuidad, el sexo prematrimonial y el estilo de vida gay, y alentaron una agenda feminista que socavó los roles familiares tradicionales. En lugar de mandar fuerzas contra quienes hagan el mal en todo el mundo, recortaron el presupuesto militar, faltaron el respeto a nuestros soldados, quemaron nuestra bandera y apostaron por la negociación y el multilateralismo. Entonces, los estadounidenses decidieron recuperar su país de manos de aquellos que intentaban socavarlo” (Tomado de Westen, D. The Political Brain: The Role of Emotion in Deciding the Fate of the Nation, p.157)

Vuelvo a la pregunta del principio. He indicado -inevitablemente con trazo grueso- los dos modelos. ¿Por qué elegimos uno u otro? Sería tranquilizador decir que porque nos convencen los argumentos a favor, pero no parece que suceda así. Primero elegimos y después intentamos justificar la elección. Con las personas nos ocurre algo parecido. No caen simpáticas o antipáticas y, solo después, intentamos buscar las razones de esos sentimientos. Hay expertos que sostienen que la elección política puede estar genéticamente influida. Hatemi y colegas, a partir del análisis del ADN de doce mil personas, han creído descubrir un componente genético en esa elección  (Hatemi, P.K. et alt: “ Genome-Wide Analysus of Liberal and Conservative Political Attitudes”). No es que haya un “gen demócrata” o un “gen republicano”. El asunto es más sutil. La distribución de neurotransmisores en un individuo le hacen más sensible a las amenazas y al miedo, o más propenso a disfrutar  con la novedad. Diferentes pruebas en Estados Unidos muestran que los republicanos valoran más la seguridad y el orden  mientras que los demócratas disfrutan más con la novedad, el cambio y la búsqueda de emociones. Estudios hechos a partir de los modelos de personalidad, corroboran esta visión. Moscovici, A.Chirumbolo, Sensales y otros han visto la correlación con lo que se denomina “apertura a la experiencia”, “responsabilidad” y,  en especial con el “locus de control”. Este último punto me parece muy interesante. Ante un hecho hay personas que insisten en la responsabilidad individual (locus de control interno) , y otros que insisten en la responsabilidad social. (locus de control externo). Los primeros tienden a ser de derechas y los segundos de izquierdas. Al explicar algunos temas sociales como la pobreza, el paro o la enfermedad, las personas conservadoras  hacen referencia a la responsabilidad individual, mientras las personas de izquierdas y los progresistas tienden a usar explicaciones de tipo social. En otras palabras, las personas de derechas tienden a sentirse más responsables de lo que les ocurre, a creer que pueden controlar los acontecimientos y que son menos vulnerables y, además, suelen considerar adecuadas las ayudas que la sociedad ofrece a los grupos sociales más desfavorecidos. Por el contrario, las personas de izquierdas, cuyo estilo de atribución es externo, se sienten más expuestas a eventuales riesgos que no pueden controlar, como el paro; tienden a juzgar insuficientes las ayudas que la sociedad ofrece a quienes tienen dificultades, y consideran que la injusticia social es el origen del malestar de estas personas (Heaven,P.C.: Suggestion for Reducing Unemployment: A Study of Protestant Work Ethic and Economic Locus of Control Beliefs).

Lakoff cree que por debajo de cada uno de los “sistemas implícitos” hay un modelo de familia. ”El conservadurismo se basa en el modelo del Padre estricto, mientras que el progresismo gira en torno al modelo del “Progenitor atento”.

Desde el Panóptico tomo en serio esas investigaciones. Acepto que las preferencias están en muchas ocasiones inconscientemente determinadas. Por eso, he propuesto que respecto a ellas debemos adoptar la misma actitud que con las “ilusiones ópticas”. No podemos evitarlas, pero no podemos creer en ellas. Vemos que el sol se mueve en el cielo, pero ahora sabemos que no es cierto. Debemos, por ejemplo, desmitificar muchas de las ideas con que definimos nuestra visión política. Conviene reconocer los potentes sistemas de autodefensa con que protegemos nuestra propia imagen. La filosofía occidental salió fortalecida por la acción de tres grandes críticos (Socrates, Descartes y Kant).

El objetivo del Panóptico no es “enseñar” a nadie, sino aprender de la experiencia. Steven Pinker -que me parece el investigador que sabe más psicología en la actualidad- después de analizar los fallos cognitivos que provoca el partidismo, sugiere una solución: “Una aproximación más racional a la política consiste en tratar a las sociedades como experimentos en curso  y aprender las mejores prácticas con amplitud de miras, con independencia de la parte del espectro de la que procedan” (En defensa de la ilustración, p.446). Estoy tan de acuerdo que cuando me he atrevido a soñar en un partido político “ideal e improbable” le fije como primera prioridad no enrocarse en ideologías y estar aprendiendo siempre.

 

 

2 Comments

  • El Rastreador dice:

    Encuentro ideas parecidas en el libro de Ronald Heifetz: Liderazgo sin soluciones fáciles: En un sistema social las pautas de desequilibrio toman tres formas: (1) Hay soluciones eficaces y se ponen en marcha (2) No hay respuestas preparadas y la sociedad aplica alguna de su repertorio pero que solo tiene eficacia a corto plazo y no a largo. (3) La sociedad tiene que aprender a resolver el nuevo desafío. Lo hizo Japón en la época Meiji. El arma más competitiva de Japón consiste en la insistencia consciente de que tiene que aprender. Por ejemplo, Toyota, con su lema KAIZEN (perfeccionamiento continuo) fundó su estrategia en la constante necesidad de aprender y adaptarse. ¿No habría que aplicar un método parecido a la política?

  • El Rastreador dice:

    Acabo de leer ‘La guerre des intelligences’, de Laurent Alexandre. Critica la desincronización de la política respecto de las realidades sociales, económicas y tecnológicas, es decir, no está aprendiendo a la suficiente velocidad. Los partidos reducen la realidad para acomodarla a sus ideologías, y no al revés. Philip Tetlock, en su análisis sobre el juicio político de los expertos, se alarma ante esta situación:” Los sistemas de creencias políticas corren permanentemente el riesgo de convertirse en cosmovisiones que se auto perpetúan, con sus propios (e interesados) criterios para juzgar y asignarse puntuaciones, con sus reservas y analogías históricas y con sus propios panteones de héroes y villanos”.

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