PANÓPTICO

El panóptico

El estudio de la Historia

Por 19 diciembre, 2020 Blog, Educación, Panóptico

La polémica sobre la “lengua vehicular” ha ocultado el tema de “lo que se va a vehicular”, de los currículos, que son la esencia de la educación formal. Me preocupa la enseñanza de la Historia, víctima de dos amenazas (1) ser olvidada, por la presión de las STEM (science, technology, engineering, mathematics) (2) ser manipulada políticamente. Todos los nacionalismos (incluido el español, basta ver los textos franquistas) falsean la historia. En 1994, el Senado de Estados Unidos vetó que se estudiase en las escuelas Historia Universal, para que no debilitar los valores americanos. En Francia, Marie Le Pen también teme perder la identidad nacional. La Historia que se estudia en países musulmanes es diferente a la occidental. En España, la enseñanza de la Historia está amenazada por un provincianismo peligroso. Una Historia universal, transversal (política, religiosa, filosófica, científica, económica) y crítica, debe articular las Humanidades del siglo XX. Es el momento de incluirla en el currículo.

El artículo inicial de este Panóptico se publicó en EL MUNDO el día 20 de diciembre de 2020.

Panóptico 16 - El estudio de la historia

EL PANÓPTICO 16

Las “humanidades” están en retroceso porque los humanistas defienden muy mal su valor. Incluidos los filósofos. Convencidos de la importancia de sus disciplinas, piensan que el buen paño en el arca se vende. ¡¿Cómo no va a enseñarse filosofía, literatura, arte, música, latín, griego, historia, religión, sociología, economía, política, derecho?! Si el tiempo escolar fuera infinito, todas esas magníficas creaciones de la inteligencia humana merecerían un lugar en los currículos. Pero el tiempo es limitado y escaso. La defensa que hacen los especialistas en STEM es muy potente, y las humanidades se baten en retirada, como un adorno bello pero inútil. Creo que es un error y me gustaría dedicar este artículo a proponer, una vez más, una solución, que no cuajará porque es interdisciplinar, y las diferentes especialidades están cada vez más ensimismadas.

La brecha entre ciencias y letras se va ampliando. ¿Esto plantea un problema social grave o solamente una reacción nostálgica y anacrónica? Martha Nussbaum, premio Príncipe de Asturias de Humanidades, considera que la crisis de las humanidades es lo más grave que está sucediendo en este momento. En Sin ánimo de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, encomienda a las humanidades tres objetivos, imprescindibles para una democracia de calidad: la capacidad de desarrollar un pensamiento crítico; la capacidad de trascender las lealtades nacionales y de afrontar los problemas internacionales como “ciudadanos del mundo”; y, por último, la capacidad de imaginar con compasión las dificultades del prójimo.

Estoy de acuerdo, pero Nussbaum no propone un currículo aplicable en la escuela. Jerome Bruner, uno de los grandes psicólogos del siglo pasado, consejero de Kennedy en temas educativos, consideraba que “el objetivo de la educación consiste en ayudarnos a encontrar nuestro camino dentro nuestra cultura, a comprenderla en sus complejidades y contradicciones. No sólo de pan vive el hombre; ni sólo de matemáticas, ciencias y de las nuevas tecnologías de la información. La tarea central es crear un mundo que dé significado a nuestras vidas, a nuestros actos, a nuestras relaciones”. Intentó diseñar un proyecto educativo que no tuvo éxito.

Ambos autores tienen razón, y, además creo que es posible introducir esos objetivos en un currículo aplicable en primaria y secundaria. Mi propuesta es la siguiente. Los sapiens somos seres híbridos de naturaleza y cultura. Las ciencias estudian la naturaleza y las humanidades estudian la cultura. Tratan del funcionamiento de la inteligencia y de sus creaciones (incluidas, claro está, la ciencia y la tecnología). Su finalidad es comprender lo que hacemos, lo que podríamos hacer, lo que deberíamos hacer.  Daniel Dennet, un gran filósofo americano, advierte que nos encaminamos a un mundo en el que parece que no es necesario comprender las cosas. Basta con usarlas. Esto funciona bien con el teléfono móvil, el coche, o el robot de cocina, pero no con las instituciones, las personas, las estructuras sociales, políticas y económicas. No comprender conduce a ser manipulado por dejación de funciones o a entrar como un elefante en una cacharrería. Impide, entre otras cosas, el pensamiento crítico y la buena toma de decisiones. El objetivo principal de la educación es conocer para comprender, y comprender para tomar buenas decisiones y actuar”.

Los seres humanos están movidos por deseos y expectativas variadas que plantean problemas y conflictos. Es la situación vital que nuestros alumnos tienen que conocer.

¿Cómo podríamos introducir esa presunta ciencia de la comprensión de las creaciones humanas en los estrechos márgenes de unos programas escolares? Lo que llamamos “cultura” es el conjunto de soluciones que los humanos han dado a sus grandes necesidades y expectativas: sobrevivir, mejorar la calidad de vida, expresarse, colaborar, organizar la convivencia, mitigar el miedo, buscar el sentido a la vida. Como dijo el antropólogo Clifford Geertz, “los problemas son universales, pero las soluciones son locales”. Todas las sociedades han necesitado conocer la realidad. Unas lo han hecho mediante mitos y otras mediante la ciencia. Todas han tenido que resolver los problemas de convivencia, y han inventado sistemas morales, jurídicos y políticos. Todas han necesitado cantar, bailar, hacer arte, y cada una lo ha hecho a su estilo. Cada una de las culturas es diferente, pero podemos comprenderlas si nos remontamos a los problemas que intentaron solucionar, porque esos, si son radicales, son comunes. Por eso, esa ciencia de la comprensión partiría de un hecho evidente: los seres humanos están movidos por deseos y expectativas variadas que plantean problemas y conflictos. Es la situación vital que nuestros alumnos tienen que conocer. Con demasiada frecuencia enseñamos las soluciones -por ejemplo, las científicas- sin haber explicado previamente la necesidad, la tenacidad, el entusiasmo de la actividad que las produjo. Jean Whal, un famoso profesor de filosofía de la Sorbonne, contaba que un día estaba muy orgulloso de la rotunda refutación que había hecho en clase de las aporías de Zenón de Elea (recuerden, la tortuga que nunca alcanzaría al veloz Aquiles). Su satisfacción desapareció cuando un alumno le dijo. ” He entendido la refutación. Lo que no he entendido es el problema”. Parte de nuestros fracasos pedagógicos derivan de que los docentes no dedicamos la suficiente atención a responder a una pregunta crucial de nuestros alumnos: ¿Y esto para qué sirve? Para evitarlo, ¿la ciencia de la comprensión debe ser una “ciencia aporética”?  Los problemas emergen de nuestras necesidades, nuestras expectativas o nuestros miedos, y tienen su propia evolución, que hay que conocer para comprenderlos. ¿Por qué se prefirió una democracia representativa a una democracia directa? ¿Por qué en la mayoría de los países se prohíbe la poligamia? ¿Por qué la solución norteamericana a la crisis del 2008 fue distinta a la europea? ¿Por qué no se elimina el machismo en España? ¿Por qué no se resuelve el conflicto catalán? ¿Por qué la pintura contemporánea desdeña el realismo? ¿Por qué la música “seria” contemporánea no está interesada por la melodía? ¿Por qué hay un desdén por la intimidad en las redes sociales? ¿Por qué, a pesar de haberse expedido muchas veces su certificado de defunción, las religiones sobreviven?

Todas estas preguntas deberían encontrar su respuesta en una ciencia que se ocupara de la evolución de las culturas, es decir, de los problemas e intereses humanos y de sus soluciones. Es una ciencia que integra los conocimientos sobre la inteligencia humana (psicología) con la comprensión de sus creaciones (sociales, políticas, científicas, religiosas, económicas, filosófica, técnicas). Cumple todas las condiciones que exigimos a un currículo moderno. Es transversal, aumenta las competencias para resolver problemas, permite comprender el papel de la ciencia, la tecnología, y las humanidades en nuestra vida, y nos convierte en protagonistas y continuadores de esa evolución. Es intercultural, lo que resulta imprescindible en un mundo globalizado. Además, tiene un evidente interés práctico porque muestra como los conflictos son inevitables y como se han ido resolviendo. La Historia es el banco de pruebas de la Humanidad, y es en ella donde podemos conocer las soluciones que han funcionado y las que no.

Un elemento importante: este enfoque no nos encierra en un relativismo culturalista porque permite desarrollar el pensamiento crítico. Al plantear las culturas como conjunto de soluciones distintas a los mismos problemas, podemos evaluarlas.

El escepticismo ético está defendido casi siempre por profesores muy protegidos por su cargo y que con frecuencia cobran nóminas del Estado.

Un culturalismo incoherente y políticamente correcto piensa, bajo el pretexto de evitar el etnocentrismo y respetar la diversidad, que todas las culturas son igualmente valiosas. No. Todos los miembros de una cultura son igualmente valiosos, pero la tiranía como solución política, la esclavitud como solución laboral, la discriminación de la mujer como solución doméstica, el sistema de castas como solución social, el tratamiento de la epilepsia como posesión diabólica, el abandono de los ancianos para que mueran cuando ya no pueden trabajar, la conquista como modo de ampliar la riqueza, etcétera, etcétera, etcétera, no son buenas soluciones. Muchas de esas prácticas se han ido abandonando porque han aparecido soluciones mejores, que son las más justas. El escepticismo ético está defendido casi siempre por profesores muy protegidos por su cargo y que con frecuencia cobran nóminas del Estado.

Tengo la convicción de que de la experiencia histórica podemos extraer una Ley del progreso histórico de la Humanidad, que dice así: “Toda comunidad, cuando se libera de cinco obstáculos -pobreza extrema, ignorancia, fanatismo, miedo al poder y odio al vecino- avanza convergentemente hacia un modelo ético definido por:

    1. el reconocimiento de derechos individuales ,
    2. el rechazo de desigualdades no justificadas,
    3. la participación en el poder político,
    4.  la racionalidad como método para resolver problemas,
    5.  las políticas de ayuda. Estudiar la historia sirve también para fundamentar una “moral transcultural”, lo que denominamos “ética universal”.

Por todas estas razones, propongo articular el nuevo humanismo en torno a la Historia, concebida como Ciencia de la evolución de las culturas, que, desde el punto de vista educativo se plasmaría en un programa integrado en el que colaborarían los profesores de Historia política, social, económica, filosófica, artística, religiosa, etc. Tendrían, eso sí, que aprender a colaborar y empeñarse  en que a través de sus aportaciones los alumnos consiguiera comprender su propia inteligencia, el mundo que les rodea, las creaciones de la inteligencia (el arte, la ciencia, las matemática, la religión, la literatura, aunque no vayan a profundizar en ellas),  las posibilidades que tienen, las cosas en que hemos progresado, los errores que la Humanidad ha cometido, la necesidad del razonamiento y del pensamiento crítico, y el modo de enfrentarse a los problemas que, sin duda, la vida va a plantearles. ¿No creen que debería explorarse esta posibilidad educativa?

3 Comments

  • Luis De la Corte Ibañez dice:

    Soberbio.

  • Pablo Herrero dice:

    Sin duda,. Ponérsela más fácil a las escuelas, sin perder en calidad de contenido, además de unificar la información de las diferentes humanidades para que tenga sentido y estimule el pensamiento.
    Yo le daría una oportunidad.

    Aunque, soy conciente de las potenciales refutaciones por motivos ideológicos, religiosos y utilitarios que muchos podrían encontrar.
    La tarea de mejorar la formación en humanidades no solo es necesaria, es urgente.
    Quiero más para mis hijos un mundo de respeto de reflexión de solidaridad, de libertad y de responsabilidad, que uno de hipercpnexion, hiper technomogia, hiper monetización.

    Por otro lado creo que la parte de ella difusión cultural y de las humanidades en la edad posescolar es un área en la que hay mucha oportunidad, si somos creativos de proyectar las humanidades.

    Leo con mucho placer sus Libros Antonio, le dan estructura a mis ideas.

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