PANÓPTICO

El panóptico

El Islam en la escuela

Ilustración: Marcus Carús


Islam en la escuela. –  Cataluña introducirá en la escuela la enseñanza de la religión musulmana. Ya lo han hecho otras Comunidades. Desde 1992, cuatro religiones -católica, evangélica, judía y musulmana- tienen reconocido el derecho a ser enseñadas en la escuela pública. Los currículos y el profesorado dependen de las autoridades religiosas, aunque pague el Estado. Dos problemas: ¿Debemos introducir en la escuela las enseñanzas confesionales? ¿Debemos incluir la islámica? Desde el Panóptico lo veo claro. Las religiones -también la musulmana- han tenido un papel fundamental en la humanización de nuestra especie. Pero cuando se alían con el poder y se vuelven excluyentes se convierten en peligrosas. Ambas cosas deben saberse. Las religiones se amparan en los derechos humanos, que son normas éticas laicas. Apelan, pues, a un marco normativo superior al religioso. Conclusión: en la escuela debe enseñarse la importancia histórica de la experiencia religiosa, la preeminencia de la ética sobre ella, y la defensa del pensamiento crítico.

El artículo inicial de este Panóptico se publicó en EL MUNDO el día 4 de octubre de 2020.


EL PANÓPTICO 5


El islam en la escuela.- La Constitución Española protege el derecho de los padres a elegir la educación religiosa de sus hijos. Desde 1992, se reconoce a la religión católica, islámica, judía y evangélica el derecho a ser enseñadas en los centros educativos públicos cuando las familias lo reclamen. Así se lleva haciendo en varias Comunidades Autónomas, por lo que la iniciativa catalana no es ninguna novedad. Pero la introducción de religiones confesionales en la escuela pública es un problema no resuelto, que volverá a plantearse de nuevo en la próxima ley de educación. Conviene, pues, aclarar las ideas. Por lo que respecta a la religión musulmana, el comportamiento de sus facciones más extremistas en los últimos tiempos ha hecho crecer la desconfianza hacia ella en mucha gente.

Este complejo asunto nos permite someter a prueba la eficacia del Panóptico para resolver problemas sociales, aprovechando la experiencia histórica. Desde él se contempla la evolución de las religiones. Su aspecto cambia mucho si nos fijamos en momentos concretos (p.e. los sacrificios humanos, o las guerras de religión) o en el proceso total de la experiencia religiosa. Podemos dar una visión brillante de las religiones o una visión negra. Ambas faltarían a la verdad. Desde el Panóptico tenemos que observar con atención el haz y el envés. En primer lugar, llama la atención que fenómenos que ahora relacionamos con la religión hayan acompañado a los sapiens desde hace cientos de miles de años. Y también que, tras haber expedido varios partes de defunción de la religión, aún continúa viva. Según los expertos, el agnosticismo o el ateísmo son fenómenos fundamentalmente europeos. Es interesante que el Partido Comunista chino este reivindicando la figura de Confucio.

La especie humana emergió tras dos millones de años de evolución, en los que experimentó grandes progresos: la bipedestación, la domesticación del fuego, la fabricación de herramientas, el lenguaje, etc. Pero quiero fijarme en tres momentos que se han denominado axiales, porque en ellos la humanidad cambia como si hubiera girado sobre un eje. El primero -a partir de 8000 años a.C.-fue el paso de vivir como pequeños grupos nómadas a asentarse, cultivar la tierra y fundar ciudades. El segundo – entre 700 y 200 a.C.- lo marca la aparición de las grandes religiones y sistemas de pensamiento: Los Upanishad, Buda, Mahavira, Confucio, Lao Tzu, Sócrates, los profetas de Israel. Como continuación muy posterior de estos, encontramos a Jesús de Nazaret y a Mahoma. Ambos se consideraban seguidores de los profetas. El tercer giro se dio con la aparición del individualismo, el pensamiento crítico, la ciencia, los derechos ciudadanos, a partir del Renacimiento. Mientras que los dos primeros cambios fomentaron la obediencia -a las leyes de la ciudad y a los mandamientos religiosos- el tercero valoró la independencia, la libertad, la autonomía. Todos esos cambios, que llamamos culturales, no se limitaron a definir el entorno social y sus instituciones, sino que cambiaron la manera de pensar, de sentir, de actuar y de comprenderse los humanos.

Lo que supuso la era axial religiosa fue una vuelta a la interioridad, y a la reflexión, un fomento intenso de la compasión y una utilización de la transcendencia como grúa evolutiva. Los Upanishads descubren en esa interioridad la chispa del Absoluto, por eso en cierto sentido son el punto culminante de esta sabiduría axial: “ Tat Twam asi”, “tú eres eso”, tu eres el Absoluto. “Eso, por supuesto, es el Atman o el espíritu, el Espíritu Santo, el pneuma griego, el ruh árabe, la ruah hebrea, al Amón egipcio, el ch’i chino. En otras palabras, es el Brahma, o Dios en el sentido general de Logos o Ser, considerado como la fuente universal de todo ser, que se expande, se manifiesta y produce y es origen de todas las cosas, todas las cuales están en él como lo finito en lo infinito” (Coomaraswamy, A.K. El Vedanta y la tradición occidental, 19) ¡Que gigantesco seísmo mental fue necesario para pasar de temer a una divinidad poderosa, terrible y lejana, a sentirse un fragmento de la divinidad! Esa torsión no quedó recluida a estas religiones místicas. El práctico Cicerón, después de meditar sobre la razón humana afirma en De Legibus que “el que se conozca a sí mismo empezará a sentir que hay algo divino en él”. Séneca, le da un giro más social: “Homo homini sacra res”.  El hombre debe ser una cosa sagrada para el hombre. Toda esta apelación a la trascendencia supone distanciarnos radicalmente de la intrascendencia animal. No queremos ser insignificantes. No nos basta ser animales listos, queremos ser animales dotados de dignidad. Todas las grandes religiones proclamaron la “Regla de oro”. “No hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran”. Tener que contrastar nuestra limitación animal con una realidad perfecta a la que podíamos acercarnos nos empujó por un camino que condujo a la actual afirmación de la dignidad humana. Este no es un concepto científico, procede de la larga tradición cruzada de las grandes religiones y de las grandes filosofías.

El tercer giro axial supuso, al menos en Europa, la necesidad de frenar esa “idolatría de la verdad absoluta” y de la obediencia ciega.

Alguna de esas potentes religiones, que eran fundamentalmente “modos de vida”, se convirtieron en programas teológicos, en un conjunto de verdades dogmáticas que tenían que ser aceptadas como absolutas y únicas.  Sus fieles cayeron en la trampa de la “dictadura de los iluminados”: la verdad debe imponerse, aunque sea por la fuerza. Esto era, por supuesto, abrir la puerta a todo tipo de crueldades, so pretexto de hacer el bien.

El tercer giro axial supuso, al menos en Europa, la necesidad de frenar esa “idolatría de la verdad absoluta” y de la obediencia ciega. Comenzó a darse importancia a la aceptación voluntaria de la fe, a la libertad religiosa. Todavía en la Paz de Augsburgo (1555) católicos y luteranos aceptaron que el soberano eligiera la religión de sus súbditos. Esto nos parece ahora un acto de frivolidad religiosa. Empezó a fortalecerse el pensamiento crítico, el conocimiento científico, la idea de los derechos subjetivos. Decayó el argumento de autoridad y la obediencia como virtud suprema. La conciencia individual se convirtió en el último tribunal. Todo esto supuso un giro copernicano, que fue hecho posible en parte por la tradición religiosa. El laicismo de la Ilustración era un fenómeno que derivaba evolutivamente de la religión cristiana. La democracia y el reconocimiento de los derechos individuales suponían la independencia de la soberanía popular. Es conocida la influencia que en esta formulación tuvieron los teólogos juristas españoles de los siglos XVI y XVII.

La religión musulmana no siguió un proceso similar, y de ahí surgen las diferencias. Algunos de sus comportamientos actuales recuerdan el proceder de los cristianos en los siglos de las cruzadas, la Inquisición y las guerras de religión. En su origen, el islam fue una religión que elevó la cultura y la sensibilidad de las duras tribus del desierto, que no impuso la conversión en los países que conquistó y que era teológicamente liberal. Por eso no admitió una iglesia institucionalizada. Pero dos acontecimientos cambiaron su rumbo: el aplastamiento de los mu’tazilíes, y el final de la ‘iytihad‘. Los mu’tazilíes defendían una interpretación racional del Corán. Pensaban, como pensó nuestro Averroes siglos más tarde, que “si hay una contradicción entre el resultado de una demostración racional y el sentido aparente del texto sagrado, este debe ser interpretado para que no haya contradicción”. El racionalismo de Averroes fue condenado —no solo por sus correligionarios, sino también por las autoridades católicas—, de la misma manera que en el año 846 lo habían sido los mu’tazilíes. El segundo acontecimiento sucedió a mediados del siglo XIII, cuando los ulemas decidieron que se cerraba “la puerta de la ‘iytihad”, es decir, del esfuerzo por la reflexión individual. A partir de ese momento, los teólogos y filósofos musulmanes debían limitarse a repetir lo ya dicho. La brillante etapa ilustrada se frustró. Fatima Mernissi, profesora en la Universidad de Rabat, educada en un harén y en una escuela coránica, afirma que no es la religión, sino el despotismo de sus dirigentes, lo que produjo la “amputación de la modernidad” que ha empobrecido intelectualmente al islam. ¿Por qué el islam teme a la democracia?, se pregunta. “Porque afecta al corazón mismo de lo que constituye la tradición: la posibilidad de adornar la violencia con el manto de lo sagrado”.

Volvamos al origen de este artículo. ¿Debe enseñarse religión en la escuela? Una experiencia tan importante para el ser humano, evolutivamente tan decisiva, que ha dirigido la vida de personas excelentes, pero que también ha dado lugar a derrapes trágicos, debe conocerse, valorarse y evaluarse. Sucede lo mismo con otras experiencias fundamentales del ser humano, como la estética o la amorosa. Pero la historia de nuestra evolución permite ver que aprovechando muchos de los descubrimientos religiosos, pero aprendiendo también de sus fracasos, los humanos hemos ido seleccionando normas éticas que protegen a los humanos y a todo lo valioso que hacen, incluidas las religiones. Del estudio de la evolución de las culturas emerge lo que María de la Válgoma y yo hemos denominado Ley del progreso ético de la humanidad,  que dice así: Todas las sociedades, cuando se liberan de cinco obstáculos -la pobreza extrema, el miedo al poderoso, la ignorancia, el fanatismo y la ausencia de compasión- evolucionan convergentemente hacia un modelo ético que se caracteriza por el respeto a la vida humana, el rechazo a discriminaciones no justificadas, el reconocimiento de derechos individuales previos  a la ley, la participación en el poder, las garantías procesales y las políticas de ayuda. Una de las máximas manifestaciones de esta ley es la Declaración de los Derechos humanos, que, siendo una norma de ética laica, ha sido la mejor defensora hasta el momento de las religiones. La libertad religiosa no es una creación religiosa, sino laica. Las religiones tienden a imponer su credo, con frecuencia por medios coactivos. Las iglesias han recelado siempre de la libertad de pensamiento. En marzo de 1770 la asamblea general del clero francés presentaba al Luis XV una “Memoria sobre las consecuencias funestas de la libertad de pensar y de imprimir”. En 1864, el Papa Pío IX publica el Syllabus, un listado de los errores modernos más graves. En él se sostiene que el cristianismo (de la Iglesia Católica Apostólica y Romana) debe ser la religión de Estado y condenan la libertad de culto, pensamiento, imprenta y conciencia. Destaca la tesis que afirma que el Romano pontífice no puede conciliarse con el progreso, el liberalismo y la cultura moderna. Aunque a regañadientes, el catolicismo acabó aceptando la necesidad de someterse a normas éticas, como reconoció el Concilio Vaticano II, al tratar en la Constitución Dignitatis humanae de la libertad religiosa. Dice así: “Los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción”. Acabó reconociendo que fuera de la Iglesia también podía haber salvación. Esto es lo que todavía la religión musulmana no admite.

En la escuela debe enseñarse la importancia histórica de la experiencia religiosa, la preeminencia de la ética sobre ella, y la defensa del pensamiento crítico.

Volvamos a la escuela. Una vez que los alumnos tuvieran esa visión general, respetuosa y crítica de las religiones, podrían tener un curso de religión confesional, pero siempre después. La enseñanza de una religión durante la infancia es un proceso inevitable de adoctrinamiento que no debe tener lugar en la escuela pública.

Desde el Panóptico saco una conclusión más, que irritará a muchos creyentes. No todas las religiones son igualmente valiosas. Las religiones pueden ser evaluadas, aplicando los siguientes criterios, que expliqué más detenidamente en Dictamen sobre Dios:

    1. La compatibilidad de su moral con los principios éticos, y su   aptitud para perfeccionarlos y ponerlos en práctica.

    2. Su cercanía a la experiencia religiosa, más que a una disciplina eclesial.

    3. Su confianza en la capacidad de la inteligencia humana.

    4. En caso de fundarse en una escritura considerada sagrada, su   capacidad para liberarse de una interpretación literal.

    5. Su decisión de no utilizar sistemas de inmunización dogmática para mantener la misma creencia, aunque las evidencias estén en contra.

    6. La pureza de sus medios de transmisión, lo que implica: la no utilización de medios coactivos, la no limitación de información a sus fieles, la libertad de discusión crítica, la no utilización del miedo como método de adoctrinamiento, y el respeto a otras religiones que cumplan las normas éticas.

    7. Su separación del poder político, y el rechazo de la fuerza para extender o mantener las creencias.

2 Comments

  • El Rastreador dice:

    Desde mi punto de observación como rastreador de noticias, vemos en La Vanguardia del 2 de octubre que el presidente francés E. Macron ha anunciado un vasto proyecto de lucha contra el islamismo radical que incluye la construcción en Francia de “un islam de la Ilustración”, moderado, moderno y compatible con los valores de la República. El discurso de Macron sobre el separatismo es un ejercicio delicado. “Somos un país que tiene un pasado colonial”, constató. Citó el caso de la colonización y posterior guerra de independencia de Argelia y reconoció que Francia arrastra “traumatismos que todavía no ha superado”.
    Otra medida será la prohibición, salvo excepciones por motivos de salud, de la educación en casa, que ahora permite sacar a los niños de la escuela e integrarlos en sistemas paralelos e ilegales. “La escuela es el corazón del espacio de la laicidad, el lugar donde forjamos las conciencias para que los niños se conviertan en ciudadanos libres y racionales para determinar su vida”, dijo Macron en el discurso. “La República resistirá en la escuela”. (El País, 2 de octubre de 2020)
    Francesc Valls, en su columna de Opinión en El País, comenta “El problema no es que los minaretes sustituyan a las espadañas como advirtió Marta Ferrusola en sus visiones apocalípticas del fin del mundo. El problema es la “militarización” de la asignatura de religión: que se deje en manos de los jerarcas de cada credo la organización y elección del profesorado de una materia que debería ayudar a comprender, a valorar y a interpretar culturalmente el legado de las religiones. Por ello urge crear la asignatura.

  • jose antonio marina dice:

    El tema preocupa en Francia desde hace tiempo. En 2002, el Ministerio de educación de Francia, encargó a Régis Débray, antiguo compañero del Che Guevara, la elaboración de un informe sobre la enseñanza de la religión en la escuela, de donde había sido expulsada en 1905. Su conclusión fue que debía introducirse la “enseñanza de lo religioso” pero no “la enseñanza de la religión”. Debía ser una historia rigurosa de la experiencia religiosa, y de la evolución de las grandes confesiones. En 2005, con el gobierno Fillon,este conocimiento se incluyó en primaria y secundaria. Tras los atentados contra Charlie-Hebdo, la ministra de educación francesa, Najat Vallaud-Belkacem decidió intensificar el estudio del hecho religioso en las aulas, y, sobre todo, el reforzamiento de los valores éticos, recogidos en la Declaración de Derechos humanos, que limita el poder de las religiones, al mismo tiempo que las defiende. Casualmente, el atentado coincidió con la aparición de la novela de Michel Houellebecq Sumission, en que fabulaba una islamización de la República francesa, una invasión suave. Macron ha denunciado que en algunos barrios se han creado “ecosistemas islámicos paaralelos”. Ha recordado que la “escuela es el corazón del espacio de la laicidad” y que si es islam ha ocupado esos barrios es “porque la promesa de la república no se han cumplido”.

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