PANÓPTICO

El panóptico

La inutilidad de una ley

Por 22 noviembre, 2020 Blog, Educación, Panóptico

Todo hace prever que la nueva ley de educación pasará a engrosar la lista de leyes efímeras, y contribuirá al desconcierto ideológico del sistema educativo. Derogar la LOMCE supone volver a la LOE de 2006. Evidencia la parálisis de nuestro sistema educativo. El mundo cambia con rapidez, pero nosotros seguimos empantanados en problemas de hace un siglo. Recibimos continuas advertencias sobre la necesidad de cambiar la escuela. Michael Barber, asesor de Tony Blair y director educativo de Pearson:” Incluso los sistemas educativos más eficientes dan muestras de que el sistema está agotado”. Michael Fullan, prestigioso experto mundial: “No creo que la escuela del futuro se parezca a la actual, ni siquiera que se llame escuela”. Ken Robinson, otro gurú educativo: “No basta con hacer mejor lo que estamos haciendo, sino que hay que hacer algo completamente nuevo”. Hasta la OCDE se pregunta “si la escuela no necesita ser reformada, sino reinventada”. Parece que esto no va con nosotros. El diplodocus sigue dormido.

El artículo inicial de este Panóptico se publicó en EL MUNDO el día 22 de noviembre de 2020.

La inutilidad de una ley

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Es difícil librarse de la sensación de déjà vu. Otra ley educativa sin consenso, es decir, condenada a una vida precaria y corta. ¿No conseguiremos librarnos nunca de las posturas ideológicas que resquebrajan la escuela? Quiero tranquilizar mi conciencia. He hecho lo que he podido. Hace seis años publiqué Despertad al diplodocus, afirmando que podíamos tener un sistema educativo de alto rendimiento en cinco años. Al año siguiente, con un estupendo equipo, elaboré el Libro blanco de la profesión docente, y los Papeles para un pacto educativo. Después, en El bosque pedagógico, revisé cómo se estaban respondiendo en el mundo a las grandes preguntas: ¿Cómo aprendemos? ¿Qué se debe aprender? ¿Cómo enseñar? ¿Quién debe hacerlo? ¿Dónde?

Son muchos los expertos en políticas educativas que piensan que la educación tiene que ser inevitablemente ideológica. Es el rompeolas de todas las contradicciones sociales, y también de las esperanzas y las ambiciones más o menos dignas. Desde el Panóptico lo que sostenemos es que de esas contradicciones se puede aprender, que lo que deben hacer los políticos es fomentar el “aprendizaje adaptativo”, es decir, poner a las sociedades en condiciones de resolver sus problemas. Puede haber pretensiones legítimas que entren sin embargo en colisión. Eso es inevitable, pero superable. Muchas de las oposiciones que se dan en el debate educativo son fruto de confusiones. Por ejemplo, la oposición entre“escuela pública” y “escuela concertada”, cuando esta es también “escuela pública”, aunque de gestión privada.

Creo que, analizando los temas educativos desde una perspectiva amplia, podemos superar algunos enfrentamientos crónicos. La educación tiene tres objetivos: desarrollar las capacidades personales, formar buenos ciudadanos y preparar para el mundo laboral. Sin embargo, en este momento no tenemos claras cuales deben ser las competencias para el siglo XXI; el concepto de buen ciudadano es diferente desde la óptica liberal, socialista o nacionalista; y el 60% de los puestos donde van a trabajar nuestros alumnos no están inventados todavía. Es evidente que tenemos sobre la mesa temas de enorme envergadura que tenemos que resolver antes de ponernos a legislar.

Respecto a las competencias para el siglo XXI, hay distintas propuestas. La Unión Europea ha optado por desarrollar ocho: comunicación en la lengua materna; comunicación en lenguas extranjeras; competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología; competencia digital; aprender a aprender; competencias interpersonales, interculturales y sociales, y competencia cívica; espíritu emprendedor; y expresión cultural. Cuando se aprobó este repertorio de competencias, que ha sido recogido por las leyes españolas, me pareció incompleto y reclamé, sin ningún éxito, que se incluyera una competencia específicamente europea: el pensamiento crítico, la filosofía, la capacidad de librarse mediante la reflexión del dogmatismo, la superchería, y las ideologías.

Se puede hacer otra crítica al paradigma de las competencias, como también al archiconocido de las “inteligencias múltiples”. Tienen un fallo garrafal: carece de una idea del sujeto humano, al que se ha disuelto en un manojo de competencias o de inteligencias. Lo he llamado “psicología de la hamburguesa”. Troceamos todas las facultades y luego las unimos como podemos. No lo digo solo yo. Un reputado pedagogo crítico –Paul McLaren– escribe:” La filosofía posmoderna carece de una consistente teoría del sujeto y sin una teoría tal no puede promover una teoría del cambio social, y por lo tanto de la educación”. Esto ocurre en un momento líquido, como señaló Bauman, en el que la educación está siendo afectada por “la fusión universal de identidades, con la desregulación y privatización de los procesos de formación de la identidad, la dispersión de las autoridades, la polifonía de los mensajes de valor y del consiguiente carácter fragmentario que caracteriza el mundo en que vivimos”. La insistencia en las identidades -desde las nacionalistas hasta la identidad de género -ocurre cuando, paralelamente estamos privando a nuestros alumnos de una estructura personal. Cuando el “yo social” de las redes ostenta la primacía. Estamos elogiando la “personalidad ameboide”, que se adapta fácilmente a la situación, para la que un “suave hedonismo” empieza a ser la única forma de libertad que valoran. Creo que el desinterés por otra libertad es una gran tentación, que lleva al “solucionismo tecnológico” (Morozov: todo me lo resolverá una aplicación) o al “solucionismo autoritario” (que me lo arregle el poder).

Esta situación no es buena, porque nos hace a todos crédulos pensando que en las redes está la verdad, e impulsivos pero sumisos. La solución está en comprender que la educación debe encargarse de facilitar el aprendizaje de los conocimientos y competencias necesarias (instrucción) y de ayudar a que el alumno las integre en su personalidad (formación del carácter). Esta es la fórmula básica:

EDUCACION=instrucción + formación del carácter.

En una sociedad en red, necesitamos fortalecer los nodos, es decir, las personas. En una sociedad en que el conocimiento va a estar cada vez más en bancos de datos informáticos, necesitamos insistir en la capacidad de decisión de los humanos. Ante la próxima invasión de los fantásticos sistemas de Inteligencia Artificial, debemos educar la Inteligencia personal, para que sepa utilizarlos con provecho. La “formación del carácter” supone la adquisición de unos hábitos intelectuales, emocionales, ejecutivos, y éticos. La personalidad individual se va construyendo en tres niveles: la personalidad heredada se amplía con la “personalidad aprendida” y adquiere su configuración final como “personalidad elegida”, como un proyecto de vida personal.

Quedan los otros dos objetivos de la educación (formar buenos ciudadanos y preparar para el mundo laboral) que ya no puedo comentar en este artículo. Sólo diré que el buen ciudadano es el que reconoce que su búsqueda de la felicidad personal ha de darse siempre en un entorno social. Buen ciudadano es el que intenta coordinar su búsqueda privada de la felicidad con la construcción de la “pública felicidad”, como decían los ilustrados.

Respecto a la inserción en el mundo del trabajo, la educación debe encargarse de formar “buenos profesionales”, un concepto extraordinariamente interesante, porque incluye competencias técnicas, creatividad, comunicación y virtudes éticas. Pero, además, para poder adaptarse a un mundo laboral cambiante, tiene que disponer de “learnability”, la capacidad de desear aprender y de hacerlo con rapidez.

Estoy seguro de que podríamos ponernos de acuerdo en estos temas, si aparcáramos diferencias ideológicas.

4 Comments

  • JOSÉ MARIA CARRILLO DE ALBORNOZ SERRA dice:

    Siempre me ha encantado la profundidad y al tiempo la claridad expositiva del Profesor José Antonio Marina, he leído casi todos sus libros y traslado este Panóptico, a mis hijos para que hagan lo propio con mis nietos.
    Un placer Maestro.

  • Cortijo Enríquez dice:

    ¿Por qué cree usted que no se logra un pacto educativo que supere la división entre izquierda y derecha?

  • jose antonio marina dice:

    Cada una de las opciones partidistas tiene una ideología cerrada que intenta imponer a través de la educación. Son ideología que se han enquistado, y a las les cuesta trabajo cambiar y dialogar. Se han quedado muy anticuadas, El planteamiento de los problemas es rígido y con frecuencia se caricaturiza al adversario. No hay razón para oponer calidad a equidad, por ejemplo. Pero las leyes del PP siempre han mencionado en su enunciado la palabra “calidad (LOCE y LOMCE) como si fuera una exclusiva suya. Tampoco esta justificado el enfrentamiento sobre la enseñanza concertada, que está bien resuelta por la ley y mal aplicada en la práctica. Pero la enseñanza concertada se explica muy mal. El debate sobre enseñanza integrada o diferenciada, colegios de enseñanza especial o inetgracion en colegios ordinarios, el tema de los curriculos, son cuestiones técnicas que deben evaluarse tecnicamente, no a golpe de ideología. En los Papeles para un pacto educativo estudiamos cada uno de estos temas. Todos ellos tienen solución….si subimos de nivel y salimos de la ideologia.

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