Genealogía del presente

El enigma chino

By 12 noviembre, 2018 No Comments

En Biografía de la humanidad  aparece, en diferentes momentos históricos, lo que denominamos “el enigma chino”. Hasta el siglo XIX China fue la nación más poderosa y avanzada, pero su historia parece dirigida por una lógica distinta a la europea. Un par de datos, en 1078 la producción de hierro se acercaba a las 125.000 toneladas, una cifra parecida a a la producción de toda Europa en 1700. Se estima que un 75% de la plata extraída por los españoles en América acabó en China a cambio de la compra de productos manufacturados allí. Pero su historia parece regirse por una lógica distinta a la europea, por eso es necesario conocerla si se quiere comprender la actual política china. Además, hay en sus gobernantes una clara decisión de recuperar sus tradiciones culturales.

A partir de 221 a.C. China  se convirtió  en un estado gigantesco, fuerte y con una administración centralizada basada en el mérito, y ha permanecido vuelta hacia sí misma hasta la muerte de Mao. Hubo un momento en que uno de sus gobernantes –el emperador Yongle- pareció sentir interés por el resto del mundo. Entre 1403 y 1407 se construyeron más de mil seiscientos barcos de alta mar. Algunos de ellos enormes, con nueve mástiles. El almirante Zhen He viajó con la mayor flota que se había visto por el golfo Pérsico, la península arábiga y las costas de África hasta Mozambique.  Pero Yongle murió y su sucesor desmanteló la flota en 1424. El aislacionismo venció de nuevo. Es posible que se temiera que el comercio ultramarino sirviera para importar ideas y costumbres que pudieran socavar los valores imperiales. Hoy, el almirante Zheng He, personificación del expansionismo chino y olvidado durante largo tiempo, es un héroe en China. En palabras del mayor reformador económico de la era posterior a Mao, Deng Xiaoping: “Ningun país que aspire a ser desarrollado hoy puede aplicar una política de puertas cerradas, nosotros hemos probado esa amarga experiencia, y también nuestros antepasados la han probado. A comienzos de la dinastía Ming, en el reinado de Yongle, cuando Zheng He surco el océano Occidental, nuestro país estaba abierto. Tras la muerte de Yongle, la dinastía entró en decadencia, China fue invadida. Contando desde mediados de la dinastía Ming hasta las guerras del opio, durante 300 años de aislamiento, China se empobreció, se volvió atrasada y quedó envuelta en la oscuridad y la ignorancia. No dejar ninguna puerta abierta no es una opción”.

La recuperación de la historia tiene múltiples manifestaciones. En Biografía de la humanidad hemos dedicado muchas páginas a estudiar la importancia que tuvo la “ruta de la seda”, como gran autopista comercial que unía el Occidente pobre con el Oriente rico, posiblemente desde dos mil años antes de nuestra era. En la actualidad, el más ambicioso proyecto mundial de infraestructuras es la nueva ruta de la seda impulsada por China,  bautizado como One Belt, One Road (Un cinturón, Una carretera), lanzado por el presidente Xi Jinping en 2013. Otra manifestación del nacionalismo cultural es la recuperación del confucianismo. En la actualidad, dice Anne Cheng, autora de Historia del pensamiento chino (Bellaterra), el confucianismo se ha convertido en la ideología del régimen, centro del llamado “espíritu de Shangai”, que anima la potente Organización de Cooperación de Shangai. En el discurso inaugural del último congreso, el presidente Xi Jinping dijo: “El confucianismo, que es una parte integral de la civilización china, piensa que ‘se debe buscar una causa justa por el bien común’, y promueve la armonía, unidad y la comunidad compartida para todas las naciones”. La visión china del mundo (no olvidemos que China está a punto de ser la primera potencia económica del planeta, y un prestamista mundial mas importante que el Fondo Monetario Internacional) se basa en la “búsqueda de la armonía”, como objetivo interior y exterior. Esta afirmación nos permite descubrir el “sistema oculto” del poder en China. No hay en su cultura una valoración clara de la libertad.  La valoración de la libertad como valor principal es una creación europea. Para oriente en general hay otros valores más importantes. En el caso de China, la convivencia armoniosa. Lo que tradicionalmente se pedía al gobernante era que consiguiese esa armonía. En caso contrario, no estaba legitimado para gobernar. Durante la época imperial, se pensaba que las dinastías caían porque no habían cumplido con su obligación.

Dentro de esta concepción del mundo estaba incluida una peculiar idea de la ley. China ha considerado secularmente que apelar a la ley es un fracaso de la convivencia, que debe regirse por criterios morales. Un país no necesita buenas leyes, sino un buen gobernante que dicte la ley. El problema está en cómo asegurar la elección del buen gobernante. El Partido Comunista Chino defiende que las elecciones democráticas no son un buen procedimiento, y que es mejor el tradicional chino de ir ascendiendo por méritos. Pero este asunto merece una consideración más detallada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leave a Reply