Estos HOLOGRAMAS son un ensayo de PERIODISMO EXPANSIVO. Conocer lo que ocurre es fácil, comprenderlo es complejo. Cada lector debe poder elegir el nivel de comprensión en que quiere moverse. Propongo tres niveles: uno, reducido, en formato papel. Otro más amplio, en formato digital, que, a su vez, remite a una RED DE COMPRENSIÓN sistemática, necesaria por la inevitable conexión de los asuntos. Tal vez sea un proyecto megalómano, pero creo que vale la pena intentarlo. El artículo inicial de este holograma se publicó en EL MUNDO el día 26 de abril de 2020.


Pacto basado en evidencias.- La pandemia  ha mostrado la necesidad de políticas públicas basadas en evidencias. También se habla de un pacto nacional para la reconstrucción. Quiero unir ambos temas y proponer un Pacto basado en evidencias.  Preguntas previas:¿Qué es un Pacto de Estado?¿Sobre qué debe hacerse? ¿Quién debe firmarlo? Un PE es un acuerdo estable sobre un problema para ser más eficaces en su resolución. La Constitución es  un pacto, y todo Pacto de Estado es “cuasiconstitucional”. Acota el campo de discusión para evitar un vaivén perpetuo. ¿Sobre qué ha de firmarse? Sobre aquellos temas que por su relevancia necesiten la implicación de gran numero de actores y durante más de una legislatura. ¿Quién debe firmarlo? Si lo pactado puede exigirse coactivamente, el órgano legislativo. Si necesita la implicación creativa de los ciudadanos, todos los agentes sociales. No tendría sentido un “pacto para el emprendimiento”, firmado solo por los partidos. ¿Puede basarse en evidencias? Sí.


HOLOGRAMA 49


¿Qué es un Pacto de Estado?

La democracia necesita el consenso como fundamento de estabilidad y el disenso como dinamismo, reconocimiento de intereses diversos, de modos diferentes de ver un problema o de elegir prioridades. Hay en la actualidad movimientos sociales o políticos que creen que una excesiva búsqueda del consenso anula la democracia. Es la opinión, mantenida en su libro En torno a la política, de Chantal Mouffe una autora que influyó en el Podemos inicial. Sin embargo, parece sensata la opinión de Giovanni Sartori cuando distingue entre un consenso procedimental (las reglas de juego, las normas que regulan las relaciones entre los poderes del Estado y los procedimientos para resolver los conflictos importantes), un consenso básico (los acuerdos fundamentales para la convivencia, los límites que vienen dados por los derechos y libertades públicas que actúan de valladar frente al poder) y el consenso político, sobre medidas concretas de gobierno. Este último no es imprescindible para la vida democrática, porque el disenso forma parte de su dinámica. Por eso he echado en falta un partido de centro que se basase en la evaluación crítica de todas las propuestas, intereses y aspiraciones legítimas que se dan en una sociedad, sin eliminar la tensión sino gestionándola.  Los dos primeros consensos –procedimental y de valores básicos- se consiguieron en España con la Constitución. Se trata de saber si necesitamos un consenso de gobierno. Cuando se dan circunstancias de especial gravedad, los Estados tienden a implicar a todas las fuerzas políticas en un esfuerzo para enfrentarse con la situación. Eso puede hacerse con un Gobierno de concentración nacional, o mediante Pactos de Estado. Los Gobiernos de concentración tienen el problema de que eliminan la oposición, al hacer responsable a todas las fuerzas de las decisiones de gobierno y, además alcanzan a toda la política del país. En este momento las democracias liberales están sintiéndose atraídas por la aparente eficacia de una sedicente “democracia de partido único basada en el mérito”, que es la propuesta china. Los Pactos de estado son sobre un tema concreto, y permiten a la oposición vigilar su realización.

¿Sobre qué debe hacerse un Pacto de Estado?

A mi juicio deben cumplirse las siguientes condiciones:

(1) Que se establezca sobre aquellos temas de envergadura tan grande que exijan la implicación activa del mayor número posible de agentes, tanto del estamento político como de la sociedad civil.

(2) Que sean asuntos que necesiten medidas urgentes, pero que deban mantenerse durante un plazo de tiempo superior a una legislatura, por lo que se necesita asegurar la estabilidad necesaria para emprender iniciativas a medio o largo plazo. Por ejemplo, no se puede pretender que haya inversiones si no se asegura una estabilidad legislativa y fiscal durante un tiempo prudencial.

(3) Que se planteen objetivos evaluables, que tengan una solución con fuerte carga técnica, es decir, que permitan una planificación y un cálculo adecuado.

(4) Que el Pacto frene la tentación de que a lo largo del tiempo las medidas sean instrumentalizadas ideológicamente por cualquier sector.

(5) Que el compromiso se extienda al apoyo de leyes necesarias, y a ayudar y a vigilar su cumplimiento se esté en el poder o en la oposición.

(6) Que el Pacto fije procedimientos de evaluación y adaptación, si son necesarios.

 ¿Quién lo debe firmar?

Los Pactos de Estado no tienen una forma jurídica determinada: unos han surgido de acuerdos previos entre todos los partidos y otros agentes sociales, como los Pactos de La Moncloa (que luego se desarrollarían en el Congreso y el Senado a través de diferentes iniciativas legislativas), otros partieron de alguna comisión del Congreso, cuyo informe resultante se tramitaría en diferentes iniciativas legislativas o no legislativas (Pacto de Toledo), o incluso algunos son un mero acuerdo entre los dos partidos principales con representación parlamentaria para luego tramitar un proyecto de ley (el de reforma del Código Penal para combatir el terrorismo yihadista). Si fuera un Pacto puramente legislativo, podrían ser las fuerzas representadas en la Cortes las encargadas de firmarlo, pero si , como ocurre en este caso, el éxito del Pacto depende de la colaboración activa, creadora, de la sociedad civil, deben participar no solo los agentes políticos, sino también los económicos y sociales. Por ejemplo, no se puede imponer la innovación o la creatividad empresarial por decreto. Lo que necesitamos es concentrar en la tarea todos los talentos, todos los medios y todas las energías disponibles. Creo que en la actual situación un procedimiento como el de los Pactos de la Moncloa es el más conveniente.

Necesitamos concentrar en la tarea todos los talentos, todos los medios y todas las energías disponibles.

Queda por contestar la pregunta inicial de este artículo. ¿Puede hacerse un Pacto basado en evidencias? La “política basada en evidencias”, en información suficientemente probada, fue una de las propuestas de Tony Blair. Blair es un caso digno de estudio. Creo que fue una de las grandes inteligencia políticas del último tercio del siglo pasado, pero que fracasó. Y lo hizo por no seguir lo que él mismo había prescrito. Abogó por un Estado que limitase el peso de la ideología e implantara intervenciones públicas que se basaran en evidencias y no como respuestas a presiones políticas en el corto plazo. Blair sugirió que la formulación de buenas políticas dependía de la existencia de información de alta calidad. Sin embargo, se hundió por hacer caso de información fraudulenta, con lo que comprobó en carne propia cuanta razón tenía al decir que era necesario tomar decisiones basadas en evidencias.

No se me oculta la dificultad de seguir este consejo. Todo mi conocimiento acerca de Pactos de Estado deriva del trabajo que mis colaboradores y yo hicimos para preparar un Pacto de Estado sobre educación. Uno de los problemas era intentar descubrir cuales eran las “buenas evidencias”, porque en muchos temas los considerados expertos no se ponían de acuerdo. Durante la crisis del 2008, el prestigio de los economistas cayó porque no fueron capaces de comprender lo que estaba pasando ni prever lo que iba a pasar.  Los trabajos que hicimos para un Pacto educativo – Papeles para un pacto educativo, – no sirvieron para nada, pero nos permitieron aprender muchas cosas. Los Pactos de Estado solo son posibles si se desactivan muchos intereses, que pueden ser legítimos pero que deben posponerse. En este momento, por ejemplo, no puede considerarse una propuesta de solución reclamar la independencia como solución económica para una Comunidad Autónoma. Eso, ahora no toca, y plantearlo dificultaría enormemente un Pacto nacional y la solución a nuestra situación.

En segundo lugar, los expertos encargados de proporcionar las evidencias deben tomarse su trabajo en serio. Y, por supuesto, excluir a opinadores. Si las opiniones están basadas en evidencias, dejan de ser opiniones para convertirse en conocimiento. Kathryn Oliver y Paul Cairney han revisado los estudios sobre este tema para fijar algunos elementos relevantes para orientar la función de los “académicos” como aportadores de evidencias a los “policymarkers”, a quienes tienen que organizar las medidas políticas.

(1) Realizar investigaciones de calidad.

(2) Comunicar bien y hacer que sus investigaciones sean comprensibles para no expertos .

(3) Comprender los procesos políticos, el contexto y los actores claves.

(4) Reflexionar críticamente sobre los resultados, sin pretender “tener razón a toda costa”.

(5) Distinguir entre proporcionar información y hacer recomendaciones. Estas necesitan una visión amplia de la situación.

(6) Proporcionar criterios de evaluación de las evidencias y de las políticas basadas en ellas.

En tercer lugar, es importante que se elabore una “agenda para la gestión de la crisis económica” que se nos viene encima. Tiene en primer lugar que precisar el alcance del problema que se pretende solucionar. Jared Diamond, en su reciente libro Crisis, estudia algunos ejemplos de crisis nacional en los que ha existido un acuerdo general en torno al hecho de que el país tenía un gran problema, pero en los que no había consenso acerca de cuál era el problema. Para ello hay que evitar posiciones demasiado grandiosas y vagas, como “hay que cambiar el sistema”, “hay que reformular el capitalismo”, “hay que eliminar las desigualdades”, y centrarse en lo que los expertos en Inteligencia Artificial denominan “definir el espacio del problema”, es decir precisar los objetivos a los que se puede aspirar utilizando los medios reales y los posibles, e ir precisando los procedimientos para alcanzarlos.

Creo que uno de los consensos básicos sobre el que debemos construir este Pacto es el gran proyecto europeo: crear una economía competitiva, basada en tecnologías avanzadas, con buenos salarios y manteniendo las prestaciones sociales y las libertades ciudadanas. Un proyecto ambicioso, magnífico y posible. Introduzco de nuevo el término posible porque descubrir posibilidades en la realidad es la esencia de la inteligencia humana, también de la política. En otro holograma he explicado por qué la deuda –que es una apertura de posibilidades- es parte importante de nuestra salvación, si la sabemos emplear bien. Nos movemos siempre entre dos peligros:  empeñarnos en lo imposible o considerar algo imposible prematuramente. Todos nuestros avances  se han conseguido con cosas que en algún momento se consideraron imposibles. Se pensó que era imposible mantener una economía sin esclavos, dar acceso a la educación o a la sanidad universal, tener vacaciones pagadas, y solo la tenacidad de los que creyeron en su posibilidad amplió nuestros horizontes.

Diseñar la salida de una crisis y el progreso de una nación es una tarea compleja, que necesita una extraordinaria inteligencia colectiva. Esa es la que debe manifestarse en un Pacto de Estado. Creo que podría servirnos como modelo el que sacó a Finlandia de ser una nación pobre a convertirse en un país a la cabeza de la innovación tecnológica y de las protecciones sociales. Es un Pacto que estudiaron Manuel Castells y Pekka Himanem cuyos conocimientos podríamos aprovechar. Es momento de que todos nos pongamos a pensar seria y rápidamente. Y, como decía el famoso graffiti, “debemos dejar el pesimismo para tiempos mejores”.

 

3 Comments

Leave a Reply