Genealogía del presente

Cómo mueren las democracias

By 5 noviembre, 2018 5 Comments

Capítulo 2.- Salvaguarda de la democracia en Estados Unidos

Líderes populistas autoritarios estadounidenses como Coghlin, Long, McCarthy y Wallace obtuvieron el apoyo de hasta un 40% del país. “A menudo se dice que la cultura política nacional de EEUU en cierto sentido lo inmuniza frente a tales propuestas, pero ello implica contemplar la historia con gafas de color de rosa. La verdadera protección frente a figuras autoritarias en potencia no ha sido el firme compromiso de los estadounidenses con la democracia, sino más bien el papel de sus guardianes: los partidos políticos” (49). Hamilton, en  El  Federalista escribió: “La historia nos enseña que  casi todos los hombres que han derrocado las libertades de las repúblicas empezaron su carrera cortejando servilmente al pueblo; se iniciaron como demagogos y acabaron en tiranos”, Por eso era necesario un sistema de cribado. Instituyeron el Colegio Electoral. Este, constituido por hombres prominentes de cada Estado (los compromisarios) sería responsable de elegir al presidente. El sistema no funcionó.

Henry Ford aspiro a presentarse a presidente. Era rico, admirado e influyente. Pero quienes elegían al candidato eran los políticos del partido, y eligieron a Hoover.

Seymour Martin Lipset y Earl Rab en The Politics of Unreason afirmaban que los partidos americanos eran ”el principal bastión práctico frente a los extremistas”. Pero escribieron en 1970 cuando los sistemas de nominación iban a cambiar con consecuencias que superaban lo imaginable. Humphrey fue designado sin pasar por primarias, pero fue el último. Tras su derrota, los demócratas crearon la comisión McGovern-Fraser para replantear el sistema de nominaciones.  El informe de 1971 se basaba en la idea de que “La cura para los males de la democracia es más democracia”. Según McGovern, si no se daba voz verdaderamente a la población, esa acabaría volcándose en la “antipolítica de las calles” (64). A partir de entonces los candidatos fueron elegidos en primarias vinculantes. El papel de las élites de los partidos se desvanecía. El partido demócrata designaba alrededor de un 20% de compromisarios no elegidos en primarias, pero los republicanos todos. “Algunos politólogos veían con preocupación el nuevo sistema, Unas primarias vinculantes eran a todas luces más democráticas, pero… ¿podrían llegar a ser demasiado democráticas?”. Dos destacados politólogos advirtieron que las primarias “podían conducir a la aparición de candidatos extremistas y demagogos”, quienes al no estar refrenados por las lealtades al partido “tienen poco que perder incitando al odio a las masas o realizando promesas vacuas” (Polsby, Nelson, y Wildavsky, Aaron; Presidential Elections, The Free Press, Nueva York, 1968, p.230).

Sin embargo, eludir la criba de los partidos era más fácil en teoría que en la practica. Para conseguir una mayoría de delegados era necesario imponerse en primarias en todo el país y eso necesitaba dinero, prensa favorable y gente trabajando sobre el terreno. En 1976, Arthur Hadley denominó al proceso de conseguir estos apoyos, las “primarias invisibles”. Era allí, indicaba, donde verdaderamente se elegía al candidato.

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5 Comments

  • PABLO BORDE ONDARRA dice:

    Tan solo subrayar la interesante reflexión de Linz de 1978 de que:
    ….., la defunción de muchas democracias puede retrotraerse a la “afinidad mayor que un partido básicamente orientado al mantenimiento de un sistema muestra con los extremistas que están a su lado del espectro político, en vez de con los partidos moderados del sistema al otro lado del espectro”. Le parecía importante aislar a los extremistas en lugar de legitimarlos.”
    Es difícil añadir nada más a esta nuestra penosa situación política actual.

  • Gabriel Real Ferrer dice:

    Excelente Blog!!! A seguir, sin dudas.
    Gracias por el resumen. Los planteamientos que los autores exponen en este libro se complementan perfectamente con los de Fareed Zakaira en “El futuro de la libertad” (Taurus, 2003) y nos ayudan a comprender la situación. La democracia por si sola no garantiza una sociedad justa y libre, hace falta la concurrencia de una serie de virtudes cívicas enraizadas en la sociedad y en sus instituciones. El deterioro de la calidad democrática proviene de la incapacidad (real o aparente) de la democracia participativa para resolver los problemas de los ciudadanos (democracia inoperante) lo que abre espacio a la demagogia y a los populismos. Los líderes autoritarios, aupados democráticamente, pretenden deshacer los contrapesos y ocupar las instituciones para hacer prevalecer, no ya su ideología, de la que a menudo carecen, sino su cosmovisión, en la que ocupan el lugar central (democracia autoritaria) Hacer frente a esta tendencia constituye un desafío imponente.

    • El “republicanismo” americano fundamenta la democracia en las “virtudes cívicas”, que por ello forman parte de la educación básica desde los padres fundadores.
      La fuerza de los líderes autoritarios deriva de que prometen soluciones fáciles, y se muestran con una seguridad pasmosa. Los estudiosos del liderazgo, como Daniel Goleman en “El lider resonante” saben que en momentos de bonanza triunfan los líderes “democráticos”, negociadores, pero que en situaciones difíciles la gente prefiere los que dan seguridad. Por eso es tan frecuente que primero se fomente el miedo y después se ofrezca uno como solución.

  • Rodolfo Alcaraz dice:

    Jose Antonio,

    Como siempre, gracias!

    Para cuándo una “Universidad Cívica”? Me parece tanto o más necesaria que la UP

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